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DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA

(Segundo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 20 de enero de 2019

Distribuya esto entre los que lo necesitan.

 

Si usted quiere pasar de la escasez a la abundancia, recurra a la cooperación mutua en la producción de los bienes y luego distribúyalos entre todos de acuerdo a la nacesidad de cada uno.  De lo contrario la abundancia será tan perjudicial como la escasez.

 

Cuáles son las escaseces que sufrimos
En el nivel individual sufrimos escasez de ingresos económicos dignos, de interés en el bienestar de nuestros semejantes, escasez de paz en nuestros corazones, escasez de estabilidad, de esperanza, de valentía, de fe en nosotros mismos.

Esta es la escasez, del que no comparte.

En el nivel de la comunidad de naciones experimentamos escaseces de justicia, de igualdad, de paz, de respeto.

He aquí cómo restaurar la abundancia:
Sembrando el entendimiento, la unidad, el respeto mutuo entre los individuos y entre las naciones. Poniendo fin a las guerras, las luchas fratricidas, las agresiones militares, la imposición de sanciones económicas que postran a los pueblos en la miseria.

Recuerde que la vida en este mundo es como una boda en la que todos tenemos la responsabilidad de producir y consumir el vino del banquete.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

EL MONOPOLIO DE LA UNIDAD

(El Bautismo del Señor)
Domingo, 13 de enero de 2019

La multitud se unifica

 

Ser una persona significa creer que  todos los seres humanos formamos una unidad. Si no aceptamos esto, no somos personas porque nadie desea hacerse daño a sí mismo.

 

 

Por su bautismo, Jesús revela la unidad existente en Dios, la unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, tres Personas que viven en una unidad inquebrantable entre ellas: La unidad de un Dios único e indivisible. Tenemos que producir la unidad entre todos los seres humanos, de lo contrario, no creemos en Dios.

Todos entran en el círculo de la humanidad

 

Nuestro mundo se halla muy distante de ese bautismo de unidad debido a las divisiones existentes entre los seres humanos. Así como Dios se hace uno con nosotros, así también nosotros tenemos que vivir en unidad con todos.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

LA NAVIDAD EN LOS OJOS DE MARÍA

(Cuarto Domingo de Adviento)
Domingo, 23 de diciembre de 2018

Para comprender la navidad, hay que verla con los ojos de María.

La navidad es la unión entre todos

 

La navidad es el tiempo para acercarnos los unos a los otros, para reconocer la grandeza que existe en cada uno. María no sólo se acerca a Dios sino que además lo recibe en su cuerpo de mujer.

 

El mundo debe hacerse un signo de la navidad

 

 

Al igual que María, nosotros hemos de recibir a Dios en nuestras personas y  en nuestro mundo promoviendo la paz, la justicia, el respeto mutuo.

La navidad es el tiempo de convertir nuestra flaqueza en fortaleza, nuestras cadenas en libertad, nuestras tristezas en alegrías: El Poderoso “ha hecho en mi favor cosas grandes” (Lucas 1:49). María, “la humilde esclava” del Señor se hace la madre de Dios, la madre de la humanidad.

 

La unidad entre la madre y su hijo

La navidad es el tiempo de eschuchar a Dios que nos dice que quiere hacerse UNO con nosotros. Desde que Dios tomó carne en María, ella nunca se separó de él ni él de ella. Es obvio que durante el embarazo el hijo siempre está con su madre (en el vientre de ésta). En el caso de María ella nunca se separó de su hijo ni aun después del nacimiento, y su hijo siempre permaneció “en” María.

Es necesario, pues, que Dios permanezca en nosotros en navidad y siempre.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

¿QUÉ DEBES HACER?

(Tercer Domingo de Adviento)
Domingo, 16 de diciembre de 2018

“¿Qué debemos hacer?” (Lucas 3:10).
Para responder a la pregunta ¿Qué debes hacer? primero  pregúntate: “¿Quién eres?”

Si ella tiene frío, dale tu abrigo

Recuerda que todos somos capaces  de realizar una transformación total en el mundo; eso es lo que se espera de todos nosotros, esa es tu vocación.
No podemos ni debemos vivir en un mundo donde nos destruimos los unos a los otros. No es humano vivir en un mundo que no podemos cambiar.

 

 

He aquí cómo cambiarás el mundo: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo” (Lucas 3:11). En otras palabras, todos los bienes del mundo pertenecen a todos los hombres. Tus talentos has de utilizarlos para el bien de todos.

Si él está angustiado, llévale el consuelo

 

¿Quién eres?: Un ser humano
¿Qué debes hacer?: Comportarte como un ser humano.
Eso es lo que eres y eso es lo que debes hacer.

 

 

(Por Jesús A. Diez Canseco)

DESTRUCCIÓN Y RECONSTRUCCIÓN

(Trigésimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 18 de noviembre de 2018.

Un mundo que se destruye

No destruyas tu mundo

 

El mundo se destruye cuando los hombres sufren las tribulaciones de la guerra, de la injusticia, del egoísmo y de la opresión. En un lenguaje  simbólico, ello equivale a vivir  bajo un sol oscurecido, una luna sin brillo, estrellas que se desploman, fuerzas celestiales aniquiladas. (Marcos 13:24-26).

 

 

la reconstrucción

Con la paz reconstruirás el mundo

Así como la función del sol es dar luz, no oscuridad, así la naturaleza del hombre es edificar la paz, no recurrir a la guerra. Así como la función de la luna es reflejar la luz, así la función del hombre es compartir de los bienes materiales del mundo. Así como las estrellas han de permanecer en el firmamento, así el esfuerzo humano para lograr el bien común es irrenunciable. Así como las fuerzas que están en los cielos son siempre fuentes de vida, así el hombre ha de fomentar la reconstrucción, no la destrucción.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

LA BONDAD DE TU CORAZÓN

Trigésimo Domingo de Tiempo ordinario)
Domingo, 28 de octubre de 2018

Hay bondad en tu corazón

 

La bondad de tu corazón sólo existe para que la des a todos los demás. Ellos la necesitan, ellos la piden a gritos, aunque te parezca que no los escuchas.

 

 

 

¿Cómo das la bondad de tu corazón a los demás?
– Escuchando a los que te lo piden.
– Apresurándote a ayudarlos.
– Venciendo todos los obstáculos que impiden que te acerques a ellos.
– Entusiasmándolos a que disfruten de la bondan que ahora ellos poseen en sus corazones.

Dales de la bondad de tu corazón

 

Recuerda que Dios está tratando de hacer lo mismo por ti. Él quiere darte todo lo que él tiene a fin de que tú te relaciones con los demás como él se relaciona contigo.

 

 

(Por Jesús A. Diez Canseco)

LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS

Vigésimo Noveno Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 21 de octubre de 2018

Si usted quiere ser el primero, tendrá que enfrentarse a un mundo que está en franca oposición a la paz y la bondad.

La fuerza para oprimir al débil

Vivimos en un mundo donde “los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder”. (Marcos 10:42).
Los que son tenidos como poderosos usan su poder como medio de subyugación sobre los débiles.
Todo aquel que conoce la realidad de nuestro mundo no puede ignorar cuán perjudiciales para la humanidad son las relaciones basadas en la dominación y la opresión.

El último será el primer

El que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos” (Marcos 10:43-44).

 

 

(Por Jesús A. Diez Canseco)

LA RIQUEZA PUEDE DARTE MUERTE O VIDA

(Vigésimo Octavo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 14 de octubre de 2018

Depende de usted escoger la riqueza que da muerte o la que da vida.
La riqueza que da muerte es la que no se comparte con todos; es la riqueza que un individuo acapara para sí mismo más allá de lo que es necesario para la satisfacción de sus necesidades; es la riqueza de aquel que no puede desprenderse de ella, de aquel que no puede compartirla con los pobres. En otras palabras, la riqueza del mundo es la que no se usa para la satisfacción de las necesidades de todos.

Si compartes la riqueza, morirás

Decirle al hombre rico: “Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres” (Marcos 10:21), significa tu riqueza pertenece a los que la necesitan. La riqueza que ocasiona la muerte es, pues, aquella que es acumulada en pocas manos.
El hombre rico se aferra a su riqueza  de manera tal que no puede vivir sin ella. Hay, pues, una adicción, una dependencia muy difícil de eliminar: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios” (Marcos 10:25). La riqueza del mundo se vuelve contra el que la posee.
La riqueza que da vida  va más allá de la posesión de bienes materiales. Esta riqueza  empieza cuando el hombre destina los bienes materiales a la satisfacción de las necesidades de todos. Si el hombre rico hubiese vendido su riqueza y la hubiese dado a los pobres, habría puesto así fin a la riqueza que da muerte y ganado para sí la riqueza que da vida.

Compartir la riqueza te da vida

La riqueza que da vida resulta de la igualdad, la unidad y el servicio a los demás. Esta riqueza no toma posesión sobre las personas, sino que, por el contrario, produce enormes beneficios: “nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda” para poseer la riqueza que da vida, “quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna” (Marcos 10:29-30).

(Por Jesús A. Diez Canseco)

EL QUE DIVIDE, DESTRUYE

(Vigésimo Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 7 de octubre de 2018

¿De dónde proviene la división?

Dinero para la división: Arma letal

– En el sistema económico. La división surge cuando el empleador explota al  trabajador, cuando los productores elevan los precios en perjuicio de los consumidores, cuando los propietarios de los medios de producción se enriquecen a costa del empobrecimiento del pueblo.
– En el sistema político. La división surge cuando  los gobernantes abusan de los gobernados, cuando los gobernantes persiguen sus propios intereses individuales o de clase a costa de los intereses populares.
– En las relaciones internacionales. La división surge cuando las naciones poderosas  expanden su dominación subyugando a naciones débiles, cuando los países poderosos se apropian de las riquezas de los países indefensos.
– En la vida familiar. La división surge cuando la relación entre los esposos se sustenta en intereses conflictivos y egoístas, en frivolidades y mentiras. La división que aliena las relaciones entre los esposos, termina destruyendo las relaciones entre ellos y los hijos, con graves consecuencias para todos.

El mundo no sólo es de usted, es de todos

¿Es posible eliminar la división?
Todo indica que nuestro mundo actual no lo cree así. Muchos piensan que la unidad y la paz sólo existen en la imaginación de los niños que no saben nada del “mundo real”. Pero eso es precisamente lo que el mundo no comprende que el que no acepta como un niño que el mundo es de todos, no podrá vivir en él. (Marcos 10:15).

(Por Jesús A. Diez Canseco)

SANTIAGO Y EL CAPITALISMO

(Vigésimo Sexto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 30 de septiembre de 2018.

Los textos bíblicos aquí anotados provienen de la Carta de Santiago, capítulo 5, versículos 1-6. (En vez de usar la palabra “ricos”, hemos usado la palabra “capitalistas”).

Dinero del obrero que el capitalista toma

¿Quiénes son los capitalistas?: Son los que  acumulan la riqueza para sí mismos. Ante los ojos de  ellos, los demás no son sino instrumentos para producir la riqueza.
Hay dos elementos que definen al capitalista, a saber: 1) La manera en que adquiere la riqueza, y 2) La manera en que la usa:
1) La manera en que adquiere la riqueza. El capitalista se hace rico con el salario que no paga a los  obreros que trabajan en las fábricas de él. (Santiago 5:4).

Obrero despojado de lo que él produce

2) La manera en que usa la riqueza. El capitalista usa la riqueza de dos maneras:
A) La usa para sí mismo, para sus excesos: Ustedes “han vivido sobre la tierra lujosamente y se han entregado a los placeres; han hartado sus corazones para el día de la matanza” (Santiago 5:5).
B) La usa como medio de dominación: Ustedes “condenaron y mataron al justo [que] no les resiste” (Santiago 5:6).

(Por Jesús A. Diez Canseco)