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RECUPERA TU BONDAD HUMANA

(Segundo Domingo de Adviento)
Domingo, 10 de diciembre del 2017.

Para que recuperes tu bondad humana has de hacer lo siguiente:
– Identifica todo aquello que te impide vivir la bondad de tu naturaleza humana.
– Elimina esos impedimentos.
– Hazte servidores de los demás.
Al hacer eso, habrás alcanzado “un bautismo de conversión para [el] perdón de los pecados” (Marcos 1:4), bautismo que es necesario realizar tanto en tu vida individual como en la de tu colectividad a fin de poder preparar el camino de Dios y enderezar las sendas (Marcos 1:3).
Estaremos impedidos de recobrar nuestra bondad humana cuando:
– Creemos que la naturaleza humana es intrínsecamente mala y que no hay nada bueno en ella.
– Nos negamos a reconocer nuestras maldades.
– Fomentamos relaciones basadas en la dominación, no en el servicio.
Bajo esas circunstancias no podemos recobrar nuestra bondad humana. Dios, sin embargo, sigue en espera de que la recobremos.
Es tan difícil recobrar nuestra bondad humana como difícil es hacer “que todo valle sea elevado y todo monte y cerro rebajado”, hacer “lo escabroso llano y las breñas planicie” (Isaías 40:4).
La tarea de recobrar nuestra bondad humana ha sido asignada a todos
Al realizar esta tarea, estaremos “acelerando la venida del Día de Dios”, día en el que alcanzaremos, “según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia… [en donde seremos] hallados en paz ante él, sin mancilla y sin mancha” (2 Pedro 3:12-14).

(Por Jesús A. Diez Canseco).

DIOS A TU ALCANCE

CONOCE A DIOS.
Si quieres conocer a Dios tendrás que conocerte a ti mismo pues si no te conoces, te será muy difícil conocer a Dios.

EL CAMINO A LA IDOLATRÍA.
Los esfuerzos que hagas para conocer a Dios sin primero concocer a tu prójimo, sólo te conducirán a la idolatría.

SENDEROS TRANSITABLES.
Al caminar por los senderos de este mundo, elimina los obstáculos que te salgan al paso, así harás los senderos al cielo transitables para ti y para todos los demás.

EVOLUCIÓN Y CREACIÓN.
Alégrate de que eres producto de la evolución de la materia porque sólo así podrás gozar de los atributos que Dios te regaló desde la creación.

LO QUE DIOS MÁS AMA.
No hay nada en el universo que Dios ame más que a la humanidad.

IGNORANCIA.
No hay mayor ignorancia que aquella que nos impide ver la presencia de Dios en nosotros mismos.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

¿QUIERES QUE DIOS VENGA AL MUNDO?

(Primer Domingo de Adviento).
Domingo, 3 de diciembre del 2017.

Si quieres que Dios venga al mundo, tienes que esperarlo. Y mientras lo esperas tienes que mantenerte despierto.
Lo que nos ayuda a mantenernos “despiertos” (Marcos 13:37) mientras esperamos a alguien, es conocer al que esperamos. Cuanto más sabemos de esa persona, más empeño pondremos en mantenernos despiertos.
Ahora bien, nuestro mundo no tiene ningún interés en esperar a Dios porque no lo conoce ni desea su venida.
¿Por qué el mundo no quiere que venga Dios?
Porque el mundo ya ha recibido a los dioses que necesita: el dios de la riqueza y del poder, el dios de la guerra y la destrucción, el dios del egoísmo y la indiferencia. Los súbditos de este mundo están plenamente convencidos de que no hay nada mejor que los dioses que ya poseen. Para el mundo, Dios no es sino un intruso que viene a alterar el “orden” existente.
Sin embargo, Dios quiere darnos a conocer cuán necesaria es su venida al mundo, él quiere que sepamos que él tiene el poder para liberar a la humanidad de las mentiras del mundo, del mal y de la muerte.
Si no queremos perdernos la venida de Dios, hemos de permanecer despiertos.
¿Qué significa permanecer despierto?
Permanecer despierto significa buscar y trabajar por la liberación y la vida en el mundo, por la unidad y la igualdad entre los hombres. Permanecer despierto significa conocer a Dios y desear lo que él representa. Esta expectativa nos mantiene despiertos.
Aquellos que permanecen despiertos son testimonio visible de Dios entre nosotros. Por ellos recibimos los frutos de la venida de Dios al mundo: Ustedes “han sido enriquecidos en todo, en toda palabra y conocimiento… Así, ya no les falta ningún don de gracia a los que esperan” la venida de Dios(1 Corintios 1:5, 7).

(Por Jesús A. Diez Canseco)

UNIDOS EN LO QUE MÁS QUEREMOS

(Trigésimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 19 de noviembre del 2017.

Todos los hombres somos iguales en cuanto que todos estamos unidos en el llamado a alcanzar el bienestar de la humanidad entera. Pero, los que desatienden tal llamado, instituyen la desigualdad.
La igualdad humana está determinada, no por lo que tenemos, sino por nuestra capacidad de usar lo que tenems para el beneficio de la humanidad entera.
El siguiente ejemplo ilustra el modo cómo funciona la igualdad humana: Un señor llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: “A uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno” (Mateo 25:14). El hecho de que todos recibieron talentos es el fundamento de la igualdad de las personas, sin que la diferencia en las cantidades altere tal igualdad.
Ahora bien, quiénes mantienen la igualdad humana y quiénes la destruyen.
I. Los que mantienen la igualdadson los que multiplicaron los talentos para beneficio de la humanidad: “Acercándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’… Acercándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’” (Mateo 25:20-22).
Ante los ojos del señor, ambos servidores son iguales y para ambos tiene igual respuesta: “¡Bien, siervo bueno y fiel… entra en el gozo de tu Señor!” (Mateo 25:21, 23).
La igualdad entre los seres humanos está basada, pues, en el aporte total de cada uno para el beneficio de la humanidad (Cada servidor contribuyó con todo lo que tenía).
II. El que destruye la igualdad es aquel que no produce nada para el beneficio de sus semejantes, aquel que sólo está interesado en su propio bienestar y se niega a trabajar para el beneficio de los demás.
El que destruye la igualdad entre los hombres es aquel que”cavó un hoyo en la tierra y escondió ahí el dinero de su señor” (Mateo 25:18), es aquel que, por su negativa a buscar el bien de sus semejantes, se separa de la humanidad. Él será arrojado”a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mateo 25:30).
Todo individuo (o nación) que destruya la igualdad humana terminará destruyéndose a sí mismo. Una sociedad edificada sobre la desigualdad se sustenta en un falso “orden social” que puede dar la apariencia de prosperidad; y cuando [los hombres] digan: ‘Paz y seguridad’, entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina… y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:3).
La igualdad humana es un designio de Dios.
Los que usan la riqueza (los talentos) para el bien de la humanidad (los “fieles en lo poco”) recibirán el premio de ser “fieles en lo mucho”; “entrarán en el gozo del Señor”, el gozo de un mundo donde reina la igualdad humana.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

EL SABIO Y EL TONTO

(Trigésimo Segundo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo 12 de noviembre del 2017.

Sabio es el que aprecia el valor de la vida humana y se compromete a respetarla y protegerla.
El hecho de que toda persona ha recibido el don de la vida, nos confiere a todos la responsabilidad y el derecho de respetar y valorar la vida del nacido y del no-nacido, en toda etapa, estado y condición. Ese derecho y esa responsabilidad constituyen el fundamento de la verdadera sabiduría.
Tonto es aquel que carece de la capacidad de valorar su propia vida y la de los demás. El tonto no se preparan para la vida en todas sus dimensiones porque su interés en ella es sólo temporal y supeditado a lo que les conviene en el momento.
La sabiduría va más allá del conocimiento intelectual. La sabiduría, por sobre todo, es la capacidad de vivir en unidad con todos los hombres y con Dios, fuente y origen de la vida misma.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

DIOS ES NUESTRO SERVIDOR

(Trigésimo Primer Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 5 de noviembre del 2017.

Dios es el servidor de todos. Al hacerse el servidor de todos, Dios atrae hacia sí a todos. He aquí las razones por las que Dios es un servidor:
– Para hacerse un servidor,  Dios toma el lugar más bajo entre los hombres.
– Lo que Dios proclama lo demuestra mediante el ejemplo.
– No hay carga que ser humano lleve que Dios no la haya llevado.
– Todo lo que Dios hace es para beneficio de la humanidad.
– Dios expresa su amor por por nosotros mediante obras, no mediante palabras vacías.
– Dios abre las puertas de su prosperidad para todo el mundo no sólo para un grupo privilegiado.
– Dios instruye a los hombres en la verdad quitándoles las venda que les cubre los ojos a fin de que puedan ver claramente.
– Dios se hace hombre porque él honra a los seres humanos más allá de todo lo creado, porque Dios creó al hombre para que sea la más alta dignidad de la creación. Ante los ojos de Dios nada tiene mayor preeminencia que un ser humano.
– Dios siempre se mantiene fiel a su compromiso para con los hombres, sin importar cuántas veces éstos fallen.
– Dios se hizo hombre para así dar su vida por todos.
– Dios se ofrece a sí mismo de la manera más sincera, en la plenitud de su voluntad, sin condiciones, para que todos los seres humanos lo reciban.
– Dios acompaña nos acompaña a lo largo de la historia, derramando su prosperidad y justicia, guiándonos hacia su reino.
Dios es un servidor de quien aprendemos a ser como él es, porque él es nuestro maestro, salvador y Padre. (Mateo 23:8-10).

(Por Jesús A. Diez Canseco).

EL MUNDO EN PELIGRO

(Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 29 de octubre del 2017.

El mundo de la injusticia, de la explotación, y del abuso, está en gravísimo peligro. Y quienes lo ponen en peligro son aquellos que están dispuesto a seguir este mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). El amor al prójimo significa necesariamente buscar la paz y la unidad entre todos.
¿Qué hacen los injustos y explotadores para defenderse?
Conservan tal mandamiento pero con un sentido totalmente tergiversado (lo que, en verdad, es una manera de eliminarlo). De allí que el término “amor” ha sido reducido a significados tales como: el acto sexual o la atracción sentimental carente de toda conexión con la justicia social. En ese sentido, el término amor, hoy en día, tiene un significado totalmente ajeno al que le confiere Dios. En otras palabras, los opresores han eliminado a un mandamiento que es peligroso para el mundo de ellos.
Una vez que se tergiversa el verdadero significado del amor, los poderosos pueden hipócritamente decir que obedecen el mandamiento del amor cuando al mismo tiempo:  Desencadenan guerras, fomentan el desposeimiento y la miseria de las mayorías, y explotan a los débiles.
Entonces, ¿Qué es el amor?
El amor es una manera de vida que mueve las personas a entregarse totalmente a la realización del bienestar de sus semejantes. El amor lleva a una persona a buscar el interés de los demás antes que el interés propio.
Es este significado el que resume todas las leyes sobre la convivencia armónica entre las personas. Este significado hace del amor un mandamiento extremadamente peligroso para los poderes del mundo.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

EL ESTADO Y DIOS

(Vigésimo Noveno Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 22 de octubre del 2017.

Creer en Dios implica aceptar que todo lo existente es de Dios. Porque es propio de Dios el atraer hacia sí todo lo que existe, estableciendo una unidad universal de la cual los hombres, y sus instituciones, son parte integrante.
Hay, sin embargo, intentos de destruir  la unidad entre Dios y los hombres como si Dios estuviera contra el hombre o el hombre contra Dios.
La reafirmación de la unidad entre el hombre y Dios.
No hay conflicto entre Dios y el hombre ya que tanto Dios como el hombre tienen como interés común el bienestar de la humanidad entera. Consecuentemente, todas las creaciones humanas – entre ellas el Estado – tienen que ser expresión de los esfuerzos de los hombres para alcanzar la plenitud de vida para todos; esfuerzos que concurren con la voluntad de Dios. He aquí algunos ejemplos:
– Las instituciones científicas y tecnológicas alcanzan su verdadera razón de ser cuando se ponen al servicio incondicional de todos, no solamente de un reducido grupo; de lo contrario, la ciencia y la tecnología se convierten en instrumentos de división y desigualdad.
– Las instituciones económicas alcanzan su verdadera razón de ser cuando producen y distribuyen la riqueza económica para el beneficio de todos, no solamente para el beneficio de unos pocos; de lo contrario, tales instituciones se convierten en instrumentos de desposeimiento.
– Las instituciones políticas alcanzan su verdadera razón de ser cuando el único objetivo del gobierno es el bienestar de todos, no solamente el bienestar de un grupo; de lo contrario, tales instituciones se convierten en instrumentos de opresión.
– Las instituciones religiosas alcanzan su verdadera razón de ser cuando buscan la plenitud de vida para todos los hombres; pues si no fuese así, ellas van contra la voluntad de Dios.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

 

VIVA USTED BIEN

(Vigésimo Octavo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 15 de octubre del 2017.

Para vivir bien hay que vivir una vida comunitaria la cual es “un convite de majares frescos, convite de buenos vinos”, es la celebración gozosa en la que se enjugarán “las lágrimas de todos los rostros” y se erradicara “la Muerte definitivamente” (Isaías 25:6, 8). Es la vida en la que todos comparten de los bienes y bondades del mundo, sin marginar a nadie.
Las minorías opresoras rechazan este modo de vida porque no pueden aceptar un orden universal de vida humana basado en la unidad y la igualdad, porque tal orden es contrario a sus conveniencias, a sus intereses, a sus ambiciones.
La vida comunitaria es una amenaza para aquellos que no están interesados en el bienestar de la humanidad. Cuando se les invitó a participar de esta vida, “ellos no hicieron caso”, y prefirieron seguir explotando a los desposeidos (Mateo 22:5).
La invitación a la vida comunitaria representa una amenaza tan grave para los explotadores que les es necesario matar a los mensajeros. Aquellos que rechazaron esa vida “tomaron a los siervos del rey, los maltrataron y los mataron” (Mateo 22:6). Aquellos que promueven la desigualdad y la dominación hacen lo mismo con aquel que los “invite” a una vida de unidad e igualdad.
Hay que vestirse en “traje de bodas”
Lo único que se requiere para participar de la vida comunitaria es revestirse de la determinación de alcanzar la liberación y la paz para todos los seres humanos, sin diferencias ni distinciones. En otras palabras, ese requisito consiste en revestirse de la identidad de Dios. Ese requisito es el “traje de bodas”(Mateo 22:12) sin el cual, el intruso será arrojado “a las tinieblas de fuera” (Mateo 22:13).

(Por Jesús A. Diez Canseco)

PRODUZCA USTED FRUTOS DE PAZ

(Vigésimo Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 8 de octubre del 2017.

A todos nosotros se nos ha  confiado la tarea de trabajar la viña de la humanidad para que produzca frutos de paz.
Cuando nos negamos a dar frutos de paz, no nos queda otro recurso que desencadenar las guerras.
¿Cuándo desencadenamos los horrores de las guerras?
– Cuando privamos a los demás de lo que necesitan para satisfacer sus necesidades.
– Cuando privamos a otros de su derecho a la vida.
– Cuando utilizamos los recursos económicos para propósitos que no son los el bienestar de la gente.
– Cuando propagamos la mentira para encubrir la injusticia.
El señor de la viña, expulsará de ella a los que desencadenan las guerras “para dársela a un pueblo que rinda su frutos [de paz]” (Mateo 21:43).
Dios construye su “viña” (nuestro mundo) con gran dedicación para que sea un lugar de justicia, de paz y de unidad: “¿Qué otra cosa pude hacer a mi viña que no se lo hice?” El Señor “esperaba rectitud [en su viña], y va creciendo el mal; esperaba justicia, y sólo oye el grito de los oprimidos” (Isaías 5:4, 7).
Los nuevos labradores de la viña de la humanidad han de eliminar para siempre, las injusticias, la explotación,  las guerras. “Y el Dios de la paz estará con ustedes” (Filipenses 4:9).

(Por Jesús A. Diez Canseco).