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CÓMO TRIUNFAR.

(Vigésimo Segundo Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 3 de septiempre del 2017.

Si quieres triunfar, has de estar dispuesto a hacer todos los esfuerzos y a pasar por todas las pruebas necesarias para conseguir el resultado victorioso que anhelas.
Asimismo, si quieres traer a Dios al mundo, has de estar preparado para tomar tu cruz (Mateo 16:24), es decir, has de estar preparado para asumir los sufrimientos que resultan de la lucha contra un mundo que lesiona los elementos básicos de la dignidad humana tales como la unidad y la igualdad. Por tanto, hay una cruz para aquellos que buscan la restauración de la unidad e igualdad.
Así como el Hijo de Dios, Cristo Jesús, sufrió “mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (los poderes de aquel tiempo) y fue condenado a muerte (Mateo 16:21), así también los que están del lado de Dios, sufrirán a manos de los que detentan el poder del mundo, el poder que lesiona la dignidad humana e instituye la división y la desigualdad.
Para triunfar no debes caer en las mentiras de los poderes del mundo: “No sigan la corriente del mundo en que vivimos” (el mundo donde los hombres se destruyen los unos a los otros) (Romanos 12:2). “Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle” (Romanos 12:1).
La victoria final te pertenece.
Por cuanto Dios es vida, ten presente que si  luchas del lado de Dios, esto es,  de la vida,  consiguirás la victoria para ti y para la humanidad.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

LA MEJOR MANERA DE CONOCERTE A TI MISMO

(Vigésimo Primer Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 27 de agosto del 2017.

Si quieres saber quién eres, no tienes sino que verte a ti mismo. Y cuando lo hagas, verás que Dios te creó a su imagen y semejanza.
Más aún, verás  que Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza, es decir, en la imagen de la bondad y la unidad.
Si no puedes aceptar que todos somos la imagen y semejanza de Dios, es porque todavía no conoces a Dios y por tanto no te conoces a ti mismo. Es cierto que nosotros mismos somos los resonsables de no poder conocer a Dios porque nos tratamos como si fuesemos enemigos y nos destruimos los unos a los otros.
Cuando veas a Dios en sus hermanos podrás decir que Dios es tu Padre. Y cuando lo lo veas así, siempre te quedará la opción de pedirle a Dios que te ayude a verlo a él en tus hermanos.
Los hombres volveremos a encontrar nuestra identidad humana cuando todos, como humanidad, compartamos en la identidad de Dios. Por esta razón, todo aquel que reconoce que Dios es el creador y redentor de todos, está reconociendo que Dios vive en todos los hombres.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

LA INJUSTICIA OCULTA

(Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 20 de julio del 2017.

Toda injusticia en el mundo revela la existencia de dos males, a saber: Por un lado, el mal que comete el autor de la injusticia y, por otro, el mal que comete el que no hace nada para eliminar la  injusticia, es decir, el mal que comete el indiferente. La inacción del indiferente es, pues, una injusticia oculta.
Veamos el evangelio de este domingo: Cuando una madre ruega por la curación de su hija enferma, sale a la luz otro tipo de enfermedad en aquellos que escuchan esos ruegos. (Mateo 15:21-28). He aquí estas dos enfermedades:
– La primera es la enfermedad de la hija.
– La segunda es la enfermedadde la indiferencia que sufren aquellos a cuyos oídos llegan las súplicas de la madre, aquellos que son incapaces de sentir compasión ante la angustia de la madre. Ellos quieren deshacerse de ella: “Despídela, que viene gritando detrás de nosotros” (Mateo 15:23).
La enfermedad de los que no tienen compasión es una dolencia muy común entre los hombres de nuestros días: Es la enfermedad de la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La indiferencia es, pues, una enfermedad oculta además de ser tremendamente destructiva.
La proliferación de las injusticias en el mundo no debe ser motivo para que nuestra fe disminuya; por el contrario, ha de motivarnos a robustecerla, por cuanto una fe robusta (tan robusta como la de una madre que ruega por la curación de su hija) nos permitirá alcanzarel milagro de la curación para todos, individual y colectivamente.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

DÓNDE BUSCAR A DIOS

(Decimonoveno Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 13 de agosto del 2017.

Si no puedes encontrar a Dios, es muy probable que estés buscándolo donde él no está.
Dónde no está Dios.
Dios no está en aquel “huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas” (1 Reyes 19:11). Pero el mundo ve a su dios en el poder de las riquezas que “hienden y quebrantan” la igualdad humana.
– Dios no está en el poderoso “terremoto” (1 Reyes 19:11). Pero el mundo ve a su dios en los injustos sistemas socioeconómicos que arrasan con los derechos a un trabajo digno, a una habitación apropiada, a la atención médica, a la educación, a la protección de la familia.
– Dios no está en el “fuego” devastador (1 Reyes 19:12). Pero el mundo ve a su dios en el fuego devastador generado por armas que permiten a los poderosos destruir a los débiles.
Dónde está Dios.
Dios está en “el murmullo de una suave brisa”(1 Reyes 19:12); en la voz que habla de paz al pueblo, en donde la gracia y la verdad se han encontrado, donde la justicia y la paz se han abrazado(Salmo 85:9, 11).

(Por Jesús A. Diez Canseco)

RADIANTE DE FELICIDAD

Festividad de la Transfiguración del Señor)
(Domingo, 6 de agosto del 2017)

Tú puedes gozar de tanta paz, de tanto gozo, de tanta alegría, y de tanta bondad que llegarás a transformarte en alguien que irradia la luz de la felicidad. Esa es una experiencia de la transfiguración en las personas, así como Cristo Jesús, en su transfiguración, irradiaba la luz brillante que brotaba de su ser;  porque él es paz, él es gozo, alegría, bondad.
Cuando Dios se hace hombre, hemos de ver su radiante naturaleza. Al mostrarnos su ser radiante, Dios nos invita a que lo veamos y nos hagamos radiantes como él.
Por su transfiguración en frente de ojos humanos, Dios revela que todos podemos compartir de la plenitud de su vida una vez que nos liberemos de la esclavitud que engendran los males del mundo. Es precisamente esta liberación la que Cristo “iba a cumplir en Jerusalén” (Lucas 9:31) por medio de la cruz y la resurrección.
La imagen del Dios radiante en su transfiguración es la imagen de una humanidad liberada, tanto individudal como colectivamente, una humanidad en donde las naciones poderosas no colonizan a las naciones menos poderosas, donde los pueblos controlan sus propios destinos sin externas agresiones económicas, mediáticas y militares. La transfiguración nos hace ver la imagen de una humanidad que vive la vida a plenitud. Por la transfiguración de Jesucristo, Dios nos hace ver que él “transfigurará nuestro pobre cuerpo a imagen de su cuerpo glorioso” (Filipenses 3:21).
El Dios radiante de la transfiguración nos conducirá hacia una humanidad sin cadenas, hacia una humanidad radiante de vida plena.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

CÓMO ENCONTRAR UN TESORO

(Decimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 30 de julio del 2017.

– ¿Estás buscando algo?
– Sí, estoy buscando el mejor tesoro.
Este es el mejor tesoro: Tu capacidad de decir: Dios mío “Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal” (1 Reyes 3:9). Este tesoro consiste en la coexistencia pacífica y armónica entre todos los hombres.
Este tesoro ilumina dando inteligencia a los sencillos” (Salmo 119:130), a los que el mundo considera indignos de poseer la plenitud de la vida.
Este tesoro es más valioso que “una vida larga o riquezas” (1Reyes 3:11) o cualquier forma de poder político o económico.
¿Qué te impide encontrar ese tesoro?
– Las medias verdades que el mundo propaga. Los poderosos del mundo manipulan la verdad con el fin de alcanzar sus propios intereses, y engañar a las mayorías.
– Las falsas nociones de la felicidad. Vives en un mundo que te enseña que la única fuente de la felicidad radica en la posesión de las riquezas materiales.
– Las promesas falsas. Los poderosos del mundo te prometen lo que no pueden cumplir.
¿Qué debes hacer para hallar el tesoro?
– Convéncete de que todos merecemos la plenitud de vida. Estoy “en medio de tu pueblo, Señor, el que tú te elegiste” (1 Reyes 3:8). El pueblo que Dios elige es la humanidad entera.
– Reconoce que eres un siervo de los demás:“Dios, tú has hecho rey a tu siervo” (1 Reyes 3:7), y todo siervo de Dios tiene que ser necesariamente siervo de todos los seres humanos.
¿Qué debes hacer cuando hallas el tesoro?
Aquel que encuentra un tesoro en el campo, “por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo” (Mateo 13:44). Cuando encuentres el tesoro tendrás que renunciar a todo lo que sea negación de ese tesoro.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

ENTRE TÚ Y DIOS

TÚ Y DIOS.
Cuando te olvidas de Dios, las naciones se tornan más agresivas, el hombre más cruel y la verdad más odiada. Pero en todo caso, Dios sigue confiando en que tú traerás la paz, el amor y la verdad al mundo.

UNA TRAGEDIA.
No importa a qué religión pertenezcas, recuerda que casi todas las religiones reconocen la existencia del bien y el mal. La tragedia consiste en que algunas religiones tratan de convencerte de que los que ostentan el poder del mundo están del lado del bien.

UNA INDIFERENCIA.
No seas indiferente ante la la explotación del hombre por el hombre, por el contrario, elimínala y así habrás quitado la ponzoña al pecado.

LO QUE DIOS NO TIENE.
Si Dios no tiene la autoridad para explotar a los seres humanos, ¿por qué ha de tenerla el hombre? Si Dios tuviese esa autoridad, dejaría de ser Dios. Igualmente, si un ser humano la tuviese, dejaría de ser un ser humano.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

EL TRIGO Y LA CIZAÑA

(Decimosexto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 23 de julio del 2017.

Tu existencia empieza  como una “semilla buena”, llena de la bondad que Dios te confirió. Y, al final de tu vida producirás una cosecha de buen “trigo”.
Ahora bien, si tu vida  empieza como una buena semilla pero al final no produce una buena cosecha, ¿qué pasó en el intermedio?: El mal entró en tu corazón  de la misma manera que el enemigo, que plantó la cizaña, dio al campo de cultivo una configuración distinta a la que le dio el propietario del campo.
Dios manifiesta su justicia en tu vida.
La justicia de Dios es esencialmente un acto de restauración de la bondad humana y de la liberación para todos, tanto para los buenos como para los malos.
Dios manifiesta su justicia de las siguientes maneras:
1. Al derramar su bondad sobre ti y todas las personas, no solamente cuando siembra buena semilla en su campo o cuando recoge el trigo en su granero (es decir en el principio y en el fin de los tiempos) sino también cuando se hace hombre para salvar a la humanidad.
2. Al respetar la libertad tanto del hombre bueno como del malo. El dueño del campo ordenó a sus trabajadores no arrancar la cizaña pues “no sea que al recoger la cizaña arranquen a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega” (Mateo 13:29). Es, pues, el designio de Dios dejar que los hombres sean autores de su propio destino: Ya sea que se encaminen hacia la vida o hacia la muerte. (Así como las sociedades injustas alegan crecer en “prosperidad” – pero sólo para la clase dominante – así la “cizaña” crece hasta que alcanza su madurez).
3. Al ofrecer su propio Espíritu a todos, en todo tiempo: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza… el Espíritu mismo intercede por nosotros…” (Romanos 8:26-27). En un mundo sumergido en una cultura de la muerte, necesitamos de la fuerza del Espíritu de Dios para evitar que nuestras flaquezas nos transformen en “cizaña”.
4. Al ofrecer su propio ejemplo personal:”Tu señorío sobre todo te hace ser compasivo con todos… Dueño de tu poder, juzgas con [clemencia]… Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo” debe ser misericordioso. (Sabiduría 12:16,18, 19). Es nuestra responsabilidad, que, como buenas semillas, seamos misericordiosos como lo es el Dios de la misericordia.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

LOS REVOLUCIONARIOS DE DIOS

REVOLUCIONARIO SANTO.
Si luchas por la liberación total de tus semejantes es porque Dios vive en ti. Y si Dios vive en ti, eres un revolucionario santo.

DIOS LIBERA.
Tu unión con Dios nunca te someterá a una fe servil y ciega. Por el contrario esa unión te dará las fuerzas para que luches contra cualquier injusticia que exista en el mundo.

LA LUCHA CONTRA EL HAMBRE.
Si quieres ser eficaz en alimentar a los hambrientos, has de denunciar a aquellos cuyas acciones causan las hambrunas.

LOS REVOLUCIONARIOS DE DIOS.
Cuando las víctimas de la opresión claman al cielo por justicia, Dios recurre a aquellos revolucionarios que comprenden lo que es la justicia del cielo.

¿YA ENCONTRASTE A DIOS?
Si tu fe en Dios no te conduce hacia un choque frontal con este mundo injusto, tendrás que seguir buscando a Dios.

ACABEMOS CON LAS LEYES INJUSTAS.
Recuerda que la ley es para el hombre y no el hombre para la ley. Recuerda que la ley injusta  trae la muerte , mientras que la justicia trae la vida. Por tanto, recuerda que no te queda otro recurso sino el de eliminar la ley injusta y devolverle la vida a tus hermanos.

(Por Jesús A. Diez Canseco).

UN AMIGO QUE HACE MILAGROS.

UN AMIGO.
El amar a Dios porque es milagroso no te traerá tanta felicidad como cuando lo amas porque es tu amigo.

DIOS QUIERE ESTAR CONTIGO.
Los milagros son los esfuerzos que hace Dios para que te hagas amigo de él. Por tanto, el propósito de los milagros no es hacer que veas a Dios como a alguien fuera de ti, sino hacer que lo veas como a alguien dentro de ti.

TU PRIMER MILAGRO.
Habrás hecho tu primer milagro cuando ames a todos sin excluir a nadie.

NO TE CANSES DE ESPERAR POR MILAGROS.
Si por alguna razón te cansaras de esperar por un milagro, empieza a hacer por ti mismo lo que le pides a Dios que haga por ti.

LAS DOS MITADES DE UN MILAGRO.
Creer en milagros cuando los necesitas es sólo la mitad de un milagro. Creer en milagros cuando no los necesitas es la otra mitad.

MILAGRO EN EL ESPEJO.
Todos somos capaces de ver un milagro cuando nos miramos en un espejo; excepto el egoísta.

(Por Jesús A. Diez canseco).