DIOS TE LLEVA MÁS ALLÁ DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO

(Tercer Domingo de Pascua)
Domingo, 30 de abril del 2017.

La vida de Dios en el mundo no es simplemente un evento histórico, es, por sobre todo, una presencia real en los hombres. Por su presencia, Dios nos libera de nuerstras limitaciones de tiempo y de espacio, así como de las estructuras de opresión e injusticia. La presencia de Dios nos permite permite proyectarnos hacia el futuro en la continuidad de las generaciones. Sin esa presencia, nosotros sucumbiríamos ante las fuerzas destructivas del mal.
A través de su presencia en los hombres, Dios actúa como el autor de la historia misma, llenándola con su espíritu para que las acciones de los hombres en la historia sean la expresión verdadera de una vida de libertad y de unidad.
En virtud de la presencia de Dios en el hombre, los que detentan el poder del mundo dejan de ser los usurpadores de la historia, pierden el poder de tergiversar la historia, pierden el poder de presentarla como la justificación de la injusticia entre los seres humanos.
En el entendimiento de muchos, la vida de Dios en el mundo es percibida simplemente como una sucesión de acontecimientos históricos ocurridos en el tiempo y en espacio a “un profeta poderoso en obras y palabras… [a quien los hombres condenaron] a muerte” (Lucas 24:19-20). Si eso fuese así, tendríamos que concluir que después de los acontecimientos históricos no queda nada – “nosotros pensábamos que él sería el que iba a [liberarnos]” (Lucas 24:21) – a menos que reconozcamos que la presencia de Dios continúa en nosotros más allá de los eventos históricos, más allás del tiempo y del espacio.
Dios está más allá de la historia, más allá del tiempo y del espacio, más allá de los poderes del mundo. Por su presencia en el mundo, Dios demuestra que las fuerzas malévolas del mundo carecen del poder de controlar el curso de la historia humana.
Por su presencia, Dios nos concede la autoridad de controlar nuestros propios destinos en la verdad y en la libertad, para proyectarnos más allá del tiempo y del espacio.
La vida de Dios en la historia humana tiene sentido sólo cuando la reconocemos como una presencia que nos conduce a una presencia eterna; cuando la reconocemos como los esfuerzos que hace Dios para guiarnos hacia nuestra liberación, más allá de los límites del tiempo y del espacio (Lucas 24:25-27).

(Por Jesús A. Diez Canseco)