EL ESTADO Y DIOS

(Vigésimo Noveno Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 22 de octubre del 2017.

Creer en Dios implica aceptar que todo lo existente es de Dios. Porque es propio de Dios el atraer hacia sí todo lo que existe, estableciendo una unidad universal de la cual los hombres, y sus instituciones, son parte integrante.
Hay, sin embargo, intentos de destruir  la unidad entre Dios y los hombres como si Dios estuviera contra el hombre o el hombre contra Dios.
La reafirmación de la unidad entre el hombre y Dios.
No hay conflicto entre Dios y el hombre ya que tanto Dios como el hombre tienen como interés común el bienestar de la humanidad entera. Consecuentemente, todas las creaciones humanas – entre ellas el Estado – tienen que ser expresión de los esfuerzos de los hombres para alcanzar la plenitud de vida para todos; esfuerzos que concurren con la voluntad de Dios. He aquí algunos ejemplos:
– Las instituciones científicas y tecnológicas alcanzan su verdadera razón de ser cuando se ponen al servicio incondicional de todos, no solamente de un reducido grupo; de lo contrario, la ciencia y la tecnología se convierten en instrumentos de división y desigualdad.
– Las instituciones económicas alcanzan su verdadera razón de ser cuando producen y distribuyen la riqueza económica para el beneficio de todos, no solamente para el beneficio de unos pocos; de lo contrario, tales instituciones se convierten en instrumentos de desposeimiento.
– Las instituciones políticas alcanzan su verdadera razón de ser cuando el único objetivo del gobierno es el bienestar de todos, no solamente el bienestar de un grupo; de lo contrario, tales instituciones se convierten en instrumentos de opresión.
– Las instituciones religiosas alcanzan su verdadera razón de ser cuando buscan la plenitud de vida para todos los hombres; pues si no fuese así, ellas van contra la voluntad de Dios.

(Por Jesús A. Diez Canseco).