EL MEJOR TRABAJO

(Tercer Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 22 de enero del 2017.
Nadie puede liberar al hombre sino el hombre mismo. Por esa razón Dios se hizo hombre y continúa buscando a otros hombres que acepten unírsele en el trabajo de liberar a la humanidad.
Dios, pues, busca “pescadores de hombres” ya que no hay nada más grande ni más valioso en todo el universo que los hombres. Tan grande es su dignidad que el Reino de los Cielos es un don de Dios para ellos: “El Reino de los Cielos está ahora cerca” (Mateo 4:17).
¿Quiénes son los “Pescadores de hombres”? Son todos aquellos que se unen a Dios en el trabajo de liberar a los hombres. Por tanto, todo aquel que se hace pescador de hombres ve a los hombres como Dios los ve, a saber:
I. El pescador de hombres reconoce la supremacía del hombre sobre todo lo existente en el universo. Sólo el hombre es imagen y semejanza de Dios.
II.El pescador de hombres comprende plenamente la necesidad de liberarlos cada vez que ellos pierden tal supremacía. El pescador de hombres es la “luz muy grande” que brilla “para los que viven en lugares de sombras de muerte” (Mateo 4:16).
¿Cómo se pierde la dignidad humana?
Los hombres pierden su dignidad humana cuando se destruyen los unos a los otros, cuando instituyen las divisiones entre ellos, cuando desconocen la igualdad humana. En otras palabras, la pérdida de la dignidad humana es el resultado de la incapacidad de los hombres de vivir como seres humanos.
La pérdida de la dignidad humana no sólo afecta a los autores sino también a las víctimas. Los primeros la pierden por el hecho de violar la dignidad de sus semejantes; y los segundos la pierden por el hecho de ser despojados de ella.
¿Cómo restaura el hombre su dignidad?
Los hombres restaurarán su dignidad cuando “se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones, [cuando] encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios” (1 Corintios 1:10).
El trabajo de los pescadores de hombres, por tanto, consiste en lograr que los hombres vivan unidos en la igualdad para así no desvirtuar la obra de Dios (1 Corintios 1:17). Pues la obra de Dios nos permite que restauremos nuestra dignidad humana.
Los pescadores de hombres no sólo trabajan con Dios o para Dios, sino esencialmente trabajan en Dios, se hacen parte de él, se hacen uno con él.
De ese modo, los pescadores de hombres se convierten en la luz que brilla “para los que viven en [un mundo] de sombras de muerte” (Mateo 4:16), se comprometen a ir por el mundo proclamando “la Buena Nueva del Reino y [curando] en el pueblo todas las dolencias y enfermedades” (Mateo 4:23), especialmente las enfermedades y dolencias sociales que afligen a toda la humanidad.
El pescador de hombres libera a los pueblos del “yugo que soportaban y la vara sobre sus espaldas, el látigo de su tirano” (Isaías 9:3).
Dios necesita pescadores de hombres que se unan a él en el trabajo de liberar a los hombres.

(Por Jesús A. Diez Canseco)