EL PODER DE DIOS ESTÁ EN USTED

(Vigésimo Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 2 de octubre del 2016.

Tener fe en Dios significa creer que el poder de él es también nuestro poder.
¿Cuál es el poder que Dios nos da?
Es el poder de perdonar a nuestros enemigos, el poder de bendecir a los que nos maldicen, el poder de hacer el bien a los que nos hacen el mal, el poder de curar a los enfermos, el poder de liberar a los oprimidos, el poder de restaurar la justicia para aquellos que son víctimas de la injusticia.
Todos pueden recibir el poder de Dios mediante la fe en él; de modo que”si tuvieran una fe como una semilla de mostaza, habrían dicho a [este árbol], ‘arráncate y plántate en el mar’, y les habría obedecido” (Lucas 17:6). Así eliminamos cualquier duda posible que pueda existir sobre el poder absoluto de la fe.
Conocedores de nuestra propia falta de fe, hemos de pedir a Dios: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5) para que compartamos tu poder y cooperemos contigo en tus obras.
Aumentar la fe significa crecer en nuestro compromiso de hacer las obras que hace Dios de manera que cuanto más seriamente nos comprometamos, más efectiva será nuestra participación en el poder y las obras de él.
Cómo reavivar en nosotros el poder de Dios
“Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1:6). Ese don de Dios es lo que nos da poder para perdonar a nuestros enemigos, para bendecir a los que nos maldicen, para hacer el bien a los que nos hacen el mal, para devolver la vida a un mundo muerto por la injusticia y la opresión; “porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza” (2 Timoteo 1:7).

(Por Jesús A. Diez Canseco)