EL RICO CAE EN SU PROPIA TRAMPA

(Vigésimo Sexto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 25 de septiembre del 2016.

¿Qué hace que el “hombre rico”(Lucas 16:19-31) caiga en la trampa de su propia riqueza?
1. El placer y las satisfacciones que él recibe de sus riquezas. El rico “se vestía con ropa finísima y comía regiamente todos los días” (Lucas 16:19) . La “buena” vida que él lleva le impide prestar atención a las necesidades del que sufre. Su mundo se reduce a disfrutar de su riqueza, mientras se él hunde en una total insensibilidad hacia las necesidades de sus semejantes.
2. La indiferenciaque crece en el rico como resultado de su insensibilidad. La indiferencia del rico adquiere proporciones de totalidad, es decir, el rico llega al punto de no darse cuenta de que el que sufre es alguien que él conoce, alguien que está junto a él, a su lado, codo a codo:El desposeído está tendido a la puerta del rico. El rico no tiene ningún interés en el pobre; ha perdido todo sentido de lo que es la familia humana o, lo que es peor, ante los ojos del rico, el pobre no es un ser humano.
3. La ilusoria expectativaque tiene el rico de que podrá gozar siempre de su riqueza. El placer y el gozo que recibe de su riqueza le impiden ver su propia mortalidad, la temporalidad de la vida terrena: Todos los días el rico se viste suntuosamente y come regiamente, es decir, cada día es un día de placer. De ello resulta que el rico pierde la noción del transcurrir de los días, y llega a creer que su “buena” vida y sus “maravillosos” días nunca terminarán.
La transgresión del rico tiene dos elementos:
1. Su indiferencia hacia el sufrimiento de los demás.
2. Su inhabilidad de utilizar su riqueza para satisfacer las necesidades del prójimo.
Debido a su indiferencia, el rico se separa de la familia humana; y debido a su inhabilidad de utilizar su riqueza para la satisfacción de las necesidades de los pobres, el rico tergiversa la razón de ser de los bienes materiales, cuyo exclusivo propósito es la satisfacción de las necesidades de todos. El rico, pues, se asigna a sí mismo el “derecho exclusivo” a usar los bienes materiales del mundo para su beneficio individual.
Los ricos también se presentan como colectividad, como grupo: “¡Ay de ustedes, los primeros de la primera de las naciones!… se sienten seguros [en sus riquezas]… Tendidos en camas de marfil o arrellanados en sus sofás, comen corderitos del rebaño y terneros sacados del establo… beben vino en grandes copas, con aceite exquisito se perfuman, pero no se afligen por el desastre de mi pueblo. Por eso ustedes serán, ahora, los primeros en partir al destierro, y así se terminará con ese montón de ociosos” (Amós 6:1, 4-7). Los ricos y poderosos se muestran indiferentes e insensibles ante las tragedias que afligen a pueblos enteros.

(Por Jesús A. Diez Canseco)

Cómo puede el rico salir de su trampa?

Viviendo “con fe y amor, constancia y bondad”, empeñados en la conquista de “la vida eterna a la que [hemos] sido llamados”, siendo compasivos ante el sufrimiento del prójimo. (1Timoteo 6:11-12).