EL TRIGO Y LA CIZAÑA

(Decimosexto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 23 de julio del 2017.

Tu existencia empieza  como una “semilla buena”, llena de la bondad que Dios te confirió. Y, al final de tu vida producirás una cosecha de buen “trigo”.
Ahora bien, si tu vida  empieza como una buena semilla pero al final no produce una buena cosecha, ¿qué pasó en el intermedio?: El mal entró en tu corazón  de la misma manera que el enemigo, que plantó la cizaña, dio al campo de cultivo una configuración distinta a la que le dio el propietario del campo.
Dios manifiesta su justicia en tu vida.
La justicia de Dios es esencialmente un acto de restauración de la bondad humana y de la liberación para todos, tanto para los buenos como para los malos.
Dios manifiesta su justicia de las siguientes maneras:
1. Al derramar su bondad sobre ti y todas las personas, no solamente cuando siembra buena semilla en su campo o cuando recoge el trigo en su granero (es decir en el principio y en el fin de los tiempos) sino también cuando se hace hombre para salvar a la humanidad.
2. Al respetar la libertad tanto del hombre bueno como del malo. El dueño del campo ordenó a sus trabajadores no arrancar la cizaña pues “no sea que al recoger la cizaña arranquen a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega” (Mateo 13:29). Es, pues, el designio de Dios dejar que los hombres sean autores de su propio destino: Ya sea que se encaminen hacia la vida o hacia la muerte. (Así como las sociedades injustas alegan crecer en “prosperidad” – pero sólo para la clase dominante – así la “cizaña” crece hasta que alcanza su madurez).
3. Al ofrecer su propio Espíritu a todos, en todo tiempo: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza… el Espíritu mismo intercede por nosotros…” (Romanos 8:26-27). En un mundo sumergido en una cultura de la muerte, necesitamos de la fuerza del Espíritu de Dios para evitar que nuestras flaquezas nos transformen en “cizaña”.
4. Al ofrecer su propio ejemplo personal:”Tu señorío sobre todo te hace ser compasivo con todos… Dueño de tu poder, juzgas con [clemencia]… Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo” debe ser misericordioso. (Sabiduría 12:16,18, 19). Es nuestra responsabilidad, que, como buenas semillas, seamos misericordiosos como lo es el Dios de la misericordia.

(Por Jesús A. Diez Canseco).