LA BONDAD DE TU CORAZÓN

(Sexto Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 12 de febrero del 2017.

Por cuanto tú eres la imagen de Dios, has de vivir de acuerdo a la bondad de tu corazón, bondad que te es innata, que existe sin necesidad de ningún mandato externo. Del mismo modo en que la bondad emana de Dios, así la bondad ha de emanar de tu corazón.
Dios te da la bondad y  te deja a tu propio albedrío (Eclesiástico 15:14) para que demuestres, sin ninguna coerción, tu lealtad a la voluntad de Dios mediante la búsqueda del bienestar de la humanidad entera, la búsqueda de la unidad que está en Dios mismo. La ley de Dios no se impone sobre tu voluntad, sino que por el contrario, tú conservas tu libertad para actuar según tu libre albedrío. Dios “te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, a cada uno se le dará lo que prefiera… A nadie obligó a ser impío, a nadie dio permiso para pecar” (Eclesiástico 15:16, 17, 20).
Sin embargo, los hombres prefieren sus intereses egoístas y los conflictos. Luego crean la ley (instrumento de coerción externa) con el propósito de “legalizar” el “orden” establecido.
La ley impuesta de esta manera regula qué es bueno y qué es malo; qué es legal y qué es ilegal; qué está permitido y qué, prohibido.
La ley, pues, arranca la bondad del corazón del hombre para ponerla bajo la jurisdicción de un mandato externo y coercitivo. (La esencia de la ley es la coerción, es decir, el poder de aplicarse mediante la fuerza o cualquier forma de castigo. Sin la coerción la ley deja de ser ley). De esa manera, el hombre ya no está inspirado en la bondad de Dios sino en la autoridad de una ley externa.
Dios viene para restaurar la ley que vive en el corazón del hombre, no la ley externa que es un instrumento de coerción.
Para conseguir esto, Dios ofrece “su ley” (la ley que desde el principio era parte integral de la naturaleza humana) para que los hombres la implanten en sus corazones. Esa es la ley a la que Dios no ha “venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5:17).
La ley a la que Dios da cumplimiento no puede cumplirse por ningún mandato externo, sino solamente por los hombres que la implantan en sus corazones. Por tanto, la validez de la ley de Dios no está en la letra (o coerción) sino en el Espíritu de aquel que nos la ofrece.
Nosotros tenemos que recuperar la bondad de nuestros corazones.
Si aspiramos a cumplir la ley de Dios, es decir, a vivir de acuerdo a la bondad innata de nuestra naturaleza, tenemos que dejar de regirnos por mandatos externos carentes de toda bondad interna.
Si no recuperamos esa bondad, no podremos alcanzar nuestra plenitud de vida: “Si su justicia no es mayor que la de los [que imponen y se sujetan a leyes coercitivas], no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mateo 5:20).
Casos en los que las leyes externas resultan ineficaces, y cómo sólo la bondad de nuestros corazones produce el verdadero cumplimiento de la ley:
– La ley dice:“’No matarás’; y aquel que mate será reo ante el tribunal”, pero Dios dice:”Todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal” (Mateo 5:21-22).
– La ley dice: “No cometerás adulterio”, pero Dios dice: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28).
– La ley dice: Presenta “tu ofrenda en el altar”, pero Dios dice: “Si, pues, cuando presentes tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allá, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano” (Mateo 5:23-24).
Quiénes son los que carecen de bondad en sus corazones?
Ellos son “los jefes de este mundo, abocados a la ruina” quienes desconocen la sabiduría de Dios, “sabiduría destinada por Dios desde antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2: 7-8).
Mientras rijan normas externas, los jefes de este mundo continuarán invalidando la bondad del corazón humano. Todos tenemos la responsabilidad de restaurar la bondad de nuestros corazones.

(Por Jesús A. Diez Canseco).