LA DERROTA DEL MAL

(Segundo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 15 de enero del 2017.

El origen del mal en el mundo
A lo largo de una evolución de cientos de miles de años sobre la tierra, los hombres fueron capaces de vivir en unidad e igualdad entre ellos y en armonía con la Naturaleza. De haber sido de otra manera, los hombres se habrían destruido a sí mismos. La vida humana en unidad y libertad es el plan de Dios a fin de que los hombres sean protagonistas de su propia evolución.
Llegó, sin embargo, el momento en la historia en el que el hombre hace mal uso de su libertad (una desobediencia al plan de Dios) cuya consecuencia es la ruptura de la unidad humana y el establecimiento de un estado de injusticia y maldad.
Desde aquel momento, la historia de la humanidad se desarrolla como una constante lucha en la que los seres humanos buscan retomar su lesionada dignidad humana.
El evento que marca el comienzo del fin de ese estado de injusticia y maldad es la venida al mundo de Dios hecho hombre:“He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Dios viene para terminar con la maldad del mundo y restaurar la unidad y la igualdad que siempre han existido en él aun antes de que los hombres existiesen: “Detrás de mí viene un hombre que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo (Juan 1:30).
Nuestra responsabilidad histórica es colaborar con el plan salvador de Dios para restaurar nuestra bondadad humana y poner fin al mal.

(Por Jesús A. Diez Canseco).