LA INJUSTICIA OCULTA

(Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 20 de julio del 2017.

Toda injusticia en el mundo revela la existencia de dos males, a saber: Por un lado, el mal que comete el autor de la injusticia y, por otro, el mal que comete el que no hace nada para eliminar la  injusticia, es decir, el mal que comete el indiferente. La inacción del indiferente es, pues, una injusticia oculta.
Veamos el evangelio de este domingo: Cuando una madre ruega por la curación de su hija enferma, sale a la luz otro tipo de enfermedad en aquellos que escuchan esos ruegos. (Mateo 15:21-28). He aquí estas dos enfermedades:
– La primera es la enfermedad de la hija.
– La segunda es la enfermedadde la indiferencia que sufren aquellos a cuyos oídos llegan las súplicas de la madre, aquellos que son incapaces de sentir compasión ante la angustia de la madre. Ellos quieren deshacerse de ella: “Despídela, que viene gritando detrás de nosotros” (Mateo 15:23).
La enfermedad de los que no tienen compasión es una dolencia muy común entre los hombres de nuestros días: Es la enfermedad de la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La indiferencia es, pues, una enfermedad oculta además de ser tremendamente destructiva.
La proliferación de las injusticias en el mundo no debe ser motivo para que nuestra fe disminuya; por el contrario, ha de motivarnos a robustecerla, por cuanto una fe robusta (tan robusta como la de una madre que ruega por la curación de su hija) nos permitirá alcanzarel milagro de la curación para todos, individual y colectivamente.

(Por Jesús A. Diez Canseco).