LA LUCHA POR UN MUNDO MEJOR

(Segundo Domingo de Adviento)
Domingo, 4 de diciembre del 2016.

Nuestra lucha por un mundo mejor tiene tres etapas:
1. El reconocimiento de la presencia del mal en nosotros
Los que no son sinceros en reconocer la existencia del mal en ellos mismos y en el mundo son confrontados así: “Raza de víboras, ¿Cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima?” (Mateo 3:7). Ellos son los que, siendo los responsables de perpetuar la desigualdad y la opresión, aparentan ser justos.
2. La conversión
La conversión es la genuina determinación de poner fin al mal que oprime al mundo. La conversión es la acción individual por la cual la persona cambia su vida de maldad por una vida de bondad, su vida de injusticia por una de justicia, su vida de opresión por una de liberación. Una vez alcanzada la conversión, la plenitud de vida estará cerca. “Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mateo 3:2).
3. Los buenos frutos
Los frutos visibles de la conversión son la unidad, la paz y la igualdad entre los hombres. “Muestren los frutos de una sincera conversión” (Mateo 3:8), porque si no hay esos frutos, tampoco hay verdadera transformación ni verdadera conversión.
Toda conversión personal sólo da frutos en el ámbito colectivo, es decir, en las esferas económicas, políticas, legales, tecnológicas, etc. de la vida comunitaria humana.
La siguiente es la manera de luchar por un mundo mejor: Viviendo en “buen acuerdo… con un mismo corazón y una sola voz”, acogiéndonos los unos a los otros como nos acoge Dios (Romanos 15:5, 7).

(Por Jesús A. Diez Canseco)