LA RECTITUD ES UNA FORMA DE VIDA

(Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 23 de octubre del 2016.

¿Quién es un hombre recto?
Es aquel que “no hace acepción de personas en perjuicio del pobre y escucha [el clamor] del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano, ni el lamento de la viuda” (Eclesiástico 35:13-14).
La rectitud es la forma de vida que consiste en la dedicación total al servicio de a nuestros semejantes especialmente de los que padecen adversidades o aflicciones. El hombre correcto (justo) centra su atención en el bienestar de los demás, no en el de él mismo. No está motivado por las alabanzas de la gente ni el prestigio del mundo; su motivación es exclusivamente el amor a Dios que vive tanto en él como en todos los demás.
El hombre recto toma conciencia de sus propias limitaciones y de la efectividad de todo lo que él hace en favor de sus semejantes. Él siempre está en la presencia de Dios y es recipiente de la fortaleza de Dios en todas sus obras.
El que carece de rectitud es, por el contrario, aquel que sólo considera su propio bienestar, sin importarle el de los demás. Él se ve en la necesidad de crear su propia definición de rectitud, en la que sólo él está incluido, en la que únicamente él es el modelo. Más aún, él se considera superior a los demás, él dice yo “no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros” (Lucas 18:11).
Aquellos que ostentan el poder del mundo tratan de presentarse como si fuesen hombres rectos y justos ante los ojos de los pueblos, aun cuando carecen de toda rectitud y justicia.
Aquellos “que se [tienen] por justos y desprecian a los demás”(Lucas 18:9) o que son indiferentes ante las adversidades o aflicciones de otros, y viven convencidos de su rectitud y justicia, sólo están convencidos… de una gran mentira. Ellos están convencidos de que son “justos”, de que representan la meta de la humanidad, el modelo que hay que seguir, alabar, imitar.

(Por Jesús A. Diez Canseco)