LA RESURRECCIÓN ES LA VERDADERA VIDA

(Segundo Domingo de Pascua)
Domingo, 23 de abril del 2017.

Vivir la resurrección no es algo irreal, ¡es el destino del hombre!: Consiste en una vida comunitaria sin exclusión de nadie.
El tipo de vida humana que da testimonio de la resurrección es aquella en la que Dios vive en todos los hombres: “Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno” (Hechos 2:44-45).
Esta forma de vida es llamada “vida comunitaria” por cuanto es una vida dedicada a la “convivencia fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hechos 2:42). Es decir, es una vida en la que los seres humanos se respetan los unos a los otros, comparten sus bienes y viven en unión entre ellos y en unión con Dios.
La resurrección es una vida de unidad entre los seres humanos.
– Unidad de fe, por cuanto todos los hombres comparten una convicción, una motivación.
– Unidad de acción, por cuanto todos comparten en la producción y distribución de las riquezas.
– Unidad de esperanza, por cuanto todos comparten una misma meta: el bienestar de todos sin diferencia ni excepción.
Al rechazar la vida comunitaria, el mundo rechaza la resurrección.
En el mundo actual, la vida comunitaria está en flagrante contradicción con las formas de vida sociales basadas en la existencia de relaciones antagónicas entre los hombres ya sea a nivel individual o a nivel de entidades colectivas.
La resurrección individual y colectiva.
Al restaurar la vida en “común unidad” (vida en “comunidad”), tanto la persona individual como la colectividad humana vivirán la vida de la resurrección empezando en el mundo.

(Por A. Diez Canseco).