LA UNIDAD ENTRE TÚ Y DIOS

(Decimotercero Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 2 de julio del 2017.

Si te sientes unido a tus semejantes, te sentirás unido a Dios.
No necesitas explicarte teóricamente que tú y tus semejantes forman una unidad, por cuanto es una realidad que todos los seres humanos compartimos una misma naturaleza humana.
Tú puedes conocer que estás unido a tus semejantes por medio de un proceso de inclusión y un proceso de exclusión:
Por la inclusión, llegas a saber que cada ser humano es un miembro integral de la comunidad humana, comunidad que te permite vivir en armonía  con tus semejantes pues  sin esa armonía no te sería posible vivir como un auténtico ser humano. Tú y tus semejantes están, pues, incluidos en la comunidad humana.
Por la exclusión, tú puedes tomar plena conciencia de que nada en la creación es igual a los seres humanos. Ellos pueden apreciar su superioridad sobre los demás seres de la Naturaleza y el hecho de que constituyen una colectividad de seres diferentes a las demás criaturas. Esta exclusión te permite desarrollar un sentido de igualdad que es real solamente en la comunidad de los seres humanos.
La unidad entre tú y tus semejantes es imagen y semejanza de la unidad entre los seres  humanos y Dios. Cuando los seres humanos destruyeron su unidad, Dios se hizo hombre para que los hombres restauraran su perdida unidad.
He aquí la unidad entre el hombre y Dios: “Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mateo 25:40). “Quien a ustedes recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado” (Mateo 10:40). Los hombres han de demostrar su unidad en las relaciones entre ellos, unidad que puede expresarse así: Quien recibe a cualquier ser humano, recibe a todos, y quien recibe a todos, recibe a Dios.

(Por Jesús A. Diez Canseco).