LAS POTENCIALIDADES DE TU NATURALEZA HUMANA

(Segundo Domingo de Cuaresma)
Domingo, 12 de marzo del 2017.

Si la naturaleza humana no tuviese la potencialidad de brillar como el sol, Dios no habría tomado nuestra naturaleza humana.
Así es cómo Dios muestra su naturaleza ante ojos humanos: “su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz”(Mateo 17:2). Lo que hace que el rostro de Dios brille como el sol y su ropa sea blanca como la luz es su verdad, sus obras, su dedicación a la justicia y su bondad.
Nosotros podremos transfigurar nuestra naturaleza humana poniendo fin al estado de división y desigualdad en que nos encontramos sumergidos, haciéndola que vuelva a brillar como el sol, que vuelva a ser blanca como la luz. La naturaleza humana tiene la capacidad de ser receptora de los atributos de Dios, es decir, receptora de un Dios de quien recta es su palabra “y verdad toda obra de sus manos”, de un Dios que “ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia” (Salmo 33:4-5).
Sin embargo, la acción destructora del mal ha degradado tanto nuestra naturaleza humana que ahora parece casi imposible restaurar la bondad que Dios le dio desde el principio.
La restauración de la bondad de nuestra naturaleza humana
Para restaurar la bondad de nuestra naturaleza humana hemos de seguir esta guía:
– Hemos de verla tal como es: brillante “como el sol… blanca como la luz”.
– Hemos de tener la convicción de que Dios está unido a la naturaleza humana. Dios nos revela esta unión cuando dice: “¡Este es mi Hijo, el Amado!” (Mateo 17:5). La naturaleza humana – cada persona – comparte del resplandor de la bondad de Dios.
– Hemos de aceptar que la naturaleza humana alcanza su plenitud cuando está unida a Dios. En virtud de que somos hijos de Dios, él se complace en todos nosotros (Mateo 17:5). No hay nada que mejor pueda definir la grandeza de la naturaleza humana que su unidad con Dios; la unidad que complace a Dios.
– Hemos de escuchar a Dios (Mateo 17:5), por cuanto al escucharlo nos hacemos como él.
Tenemos que restaurar la bondad de nuestra naturaleza humana
Aquel que a  hacer suya la luz de Dios ha de estar dispuesto a sufrir “por el evangelio, sostenido por la fuerza de Dios” (2 Timoteo 1:8). Aquellos que luchan luchan contra el mal y la muerte, también brillarán “como el sol… y [serán] blancos como la luz” .
Más aún, aquellos que adquieren las cualidades de Dios (Es decir, aquellos que se esfuerzan en participar de su transfiguración) se verán liberados de todo mal, ya que son llamados a participar en la”gracia que Dios nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 1:9).

La luz que irradia de Dios restaura las potencialidades de nuestra naturaleza humana y la hace brillar como el sol.

(Por Jesús A. Diez Canseco)