LOS HIJOS DE LA LUZ Y LOS HIJOS DEL MUNDO

(Vigésimo Quinto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 18 de septiembre del 2016.

Los “hijos de la luz”(Lucas 16:8) son aquellos que ponen su fe en Dios y no en las riquezas del mundo. Ellos usan éstas para el bien de todos.
Los “hijos del mundo”(Lucas 16:8) son aquellos que ponen su fe en las riquezas del mundo, subordinándose a ellas y usándolas para sus intereses individuales.
El uso apropiado de las riquezas del mundo:
1. Las riquezas del mundo sólo deben usarse para satisfacer a plenitud las necesidades humanas de todos.
2. Las riquezas del mundo no deben usarse con el propósito de acumularlas más allá de lo que es necesario para satisfacer a plenitud las necesidades humanas. Todo exceso de riqueza acumulada es un signo de la apropiación de lo que pertenece a todos. (La riqueza, es decir la acumulación de bienes materiales, será siempre una injusticia, en tanto exista un solo hombre que padezca necesidad). La riqueza acumulada genera la codicia y la codicia genera la opresión.
Quiénes son los que acumulan la riqueza? (Amós 8:4-6):
Los “explotadores del pobre, que [quieren] hacer desaparecer a los humildes”.
Los que fraudulentamente venden al más alto precio posible bienes y servicios que han sido reducidos a la más baja calidad posible. Los acumuladores de riqueza dicen: “Venderemos hasta el desecho. Vamos a reducir la medida, aumentar los precios y falsear las balanzas”.
Los se apropian del salario justo que le corresponde al trabajador. Ellos “juegan con la vida del pobre y del miserable tan sólo por algún dinero o por un par de sandalias”.

“Los hijos de la luz” usan sus talentos, sus posesiones materiales, su creatividad, su inteligencia de manera tal que las riquezas del mundo lleguen a todos. “Los hijos de la luz” recurren a los métodos de la “luz”: diálogo, entendimiento, respeto mutuo. Ellos administran la paz y la justicia.
Más aún, “los hijos de la luz” ponen en práctica métodos efectivos para lograr que los “hijos de este mundo” se transformen en “hijos de la luz”:”Ante todo, recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, sin distinción de personas; por los jefes de estado y todos los gobernantes, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, con toda piedad [justicia] y dignidad”(1 Timoteo 2:1-2).

(Por Jesús A. Diez Canseco)