MODESTIA APARTE

(Quinto Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 5 de febrero del 2017.
Somos la sal de la tierra” y “la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). Pues bien, ¿Lo creemos?
¿Qué significa ser la sal de la tierra?
Significa que todos los hombres tienen la capacidad de hacer el bien a toda la humanidad, la capacidad de crear una comunidad humana universal en donde reine la unidad y la libertad.
Para “sazonar” al mundo con la sal de la tierra es necesario: “Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo” (Isaías 58:6). Si quieres ser sal de la tierra “compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano” (Isaías 58:7).
¿Qué significa ser la luz del mundo?
Significa que toda persona que vive de acuerdo a la bondad de su propia naturaleza humana tiene la capacidad de dar un ejemplo luminoso de vida para sus semejantes.
No hay nada que pueda permanecer en la oscuridad cuando los hombres viven la bondad de su naturaleza; ellos son faros de luz brillante cuando viven en unidad e igualdad.
“¿Cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa” (Mateo 5:14-15). De la misma manera, la bondad de los hombres, creados a imagen de Dios, no puede esconderse.
Aquel que es la luz del mundo: “Brilla como la luz en las tinieblas para los de recto corazón; él comprende, es clemente y justo. Le va bien al compasivo… y lleva sus negocios en conciencia, pues nada logrará perturbarlo: el recuerdo del justo será eterno” (Salmo 112:4-5).
¿Qué ocurre cuando los hombres dejan de vivir como “sal de la tierra” y “luz del mundo”?
Pierden su calidad humana por cuanto dejan de vivir en libertad, unidad e igualdad. Tal fracaso trae como consecuencia que la persona destruya su propia dignidad humana.
“Si la sal se vuelve insípida, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente” (Mateo 5:13). Si el hombre deja de vivir de acuerdo con su propia naturaleza, ¿cómo podrá continuar viviendo? Ya no sirve para nada, él se destruye a sí mismo.
Modestia aparte, somos “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”.

(Por Jesús A. Diez Canseco).