QUÉ TERCO ES EL MUNDO

(Decimoquinto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 16 de julio del 2017.

Es evidente que nuestro mundo necesita la paz, la alegría, la liberación. Pero el mundo no hace caso a esa necesidad.
Dios habla de esa necesidad a todos, en todos los lugares, del mismo modo que las semillas que un sembrador siembra caen por todos los lugares; unas semillas caen a lo largo del camino; otras en pedregal; otras entre espinos; otras en buena tierra (Mateo 13:4-8).
Hay personas que no quieren escuchar lo que dice Dios. Hay personas que “oirán, pero no entenderán… mirarán, pero no verán. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado” (Mateo 13:14-15).
¿Por qué no quieren ver ni oír?
No quieren ver ni oír porque “no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane” (Mateo 13:15).
Muchos prefieren ignorar cuán graves son las consecuencias del mal. Ellos se niegan a ver y comprender que el bienestar del género humano está basado en la voz de Dios que habla de paz, de felicidad y de salvación para la humanidad. Ellos son los que prefieren la guerra y rechazan la paz. Ellos son los que se benefician con la explotación de sus semejantes. Ellos son los que se engañan a sí mismos pensando que viven en un mundo ‘maravilloso’. Ellos son los que tienen “embotado el corazón”, son aquellos a quienes no”se les ha dado a conocer… [el] Reino de los Cielos” (Mateo 13:11).
Por tanto, hemos de escuchar al Dios que nos habla de paz, de felicidad, de justicia, de unidad para que al escuchar su voz tengamos vida, vida en abundancia.

(Por Jesús A. Diez Canseco).