SÓLO LOS PEQUEÑOS SON GRANDES

(Decimocuarto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 9 de julio del 2017.

Hay algo que solamente los pequeños del mundo pueden ver y poseer; algo que los poderosos del mundo no pueden ver ni poseer: La sabiduría de Dios.
¿Cómo revela Dios su sabiduría?
Dios revela su sabiduría por medio de los mansos y humildes de corazón. “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Esa es la manera cómo la gente sencilla del mundo, es decir, “todos los que están fatigados y sobrecargados” (Mateo 11:28) se hacen depositarios de la sabiduría de Dios.
La sabiduría de Dios radica en la mansedumbre y la humildad: “Viene a ti tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un burro, en una cría de burra. Suprimirá… el arco de guerra y él proclamará la paz a las naciones” (Zacarías 9:9-10). En otras palabras, la “sabiduría” del mundo no prevalecerá sobre la sabiduría del manso y del humilde.
El mundo instituye su propia “sabiduría” de manera tal que hace imposible para “los sabios y entendidos” del mundo ver y poseer la sabiduría de Dios (Mateo 11:25). El mundo usa su “sabiduría” con el fin de justificar un estado de vida basado en la injusticia. Esa es la “sabiduría” de los que “viven según la carne” (Romanos 8:13). (El término “carne” describe las iniquidades e injusticias de un mundo que esta en franca oposición al Espíritu generador de vida). Los que poseen esa “sabiduría” están imposibilitados de ver y poseer la sabiduría de Dios.
Sólo los mansos y los humildes de corazón serán grandes
Contrariamente a la sabiduría del mundo, la verdadera sabiduría permite que los mansos y humildes de corazón puedan poner fin al ciclo vicioso del poder destructivo. Los mansos y humildes de corazón – es decir, los que poseen la sabiduría de Dios – alcanzan la grandeza de vida: “Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso… Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11:28-30).

(Por Jesús A. Diez Canseco).