TRANSFÓRMATE EN UNA FUENTE DE AGUA VIVA

(Tercer Domingo de Cuaresma)
Domingo, 19 de marzo del 2017.

Es evidente que necesitamos agua para vivir, y cuando ella nos falta experimentamos la sed que es la angustiosa sensación que nos alerta de que nuestro organismo necesita agua. Cuanto más tiempo demoramos en satisfacer tal necesidad, más dolorosa se torna, y ocasionaría la muerte si en un determinado tiempo no ingerimos agua.
Es evidente también que si la persona ingiere, de manera regular y constante, el agua que necesita, tal persona no experimentará la angustiosa y dolorosa sensación de sed. En otras palabras, el agua consumida en cantidades adecuadas satisface la necesidad que de ella tiene el organismo, y elimina la angustiosa sensación de sed haciendo que la necesidad quede neutralizada. Sin embargo, la falta de agua hará que la necesidad reaparezca.
Del mismo modo en que el uso adecuado de una inagotable fuente de agua impide la aparición de la sed, así también una fuente inagotable de alimento impedirá la aparición de otra angustiosa sensación: el hambre. Este principio se aplica a todas las necesidades humanas; es decir, una vez satisfecha, la necesidad queda neutralizada. Una vez que los hombres logren satisfacer sus necesidades de manera regular y adecuada, entonces podremos decir que ellos habrán alcanzadola manera de impedir el sufrimiento que causa la insatisfacción de tales necesidades.
Dios es el agua viva y el que “beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed” (Juan 4:14).
¿Cuál es esa agua viva?
Es el vínculo que mueve a los seres humanos a satisfacer mutuamente sus necesidades de modo tal que ninguna necesidad – física o espiritual – quede sin satisfacer y nadie sufra la angustiosa y destructiva experiencia de las necesidades no satisfechas.
Presentamos el siguiente ejemplo para clarificar el concepto de agua viva: La dedicación de los padres para con sus hijos. Con sus esfuerzos y sacrificios los padres proveen al hijo, de manera regular y adecuada, todo lo que éste necesita. Es, pues, la dedicación de los padres lo que hace que desaparezcan los efectos angustiosos y destructores de las necesidades no satisfechas.
Esta dedicación incondicional y generosa de los padres es la fuente de agua viva que satisface las necesidades de los hijos. Y, puesto que los hijos aprenden del ejemplo de los padres, aquellos se convierten en agua viva para sus padres.
El agua vida fluye como resultado del trabajo que los hombres dedican al bien común: “El sembrador también participa en la alegría del segador” porque los dos comparten los frutos de sus trabajos (Juan 4:36, 38).
¿Cómo satisface el hombre su hambre y sed de Dios?
Haciendo la voluntad de Dios y llevando a cabo su obra (Juan 4:34), voluntad y obra que constituyen la fuente de agua viva de la que viven todos. La obra ha realizar consiste en dar a la humanidad la capacidad de vivir en un mundo donde todos satisfagan mutuamente sus necesidades.
El mundo actual se opone a generar agua viva
Nuestro mundo ha convertido la posesión de los bienes materiales (cuyo único propósito es satisfacer las necesidades de todos) en un privilegio exclusivo de una minoría. Consecuentemente, muchos no pueden satisfacer sus necesidades, muchos padecen de hambre, de enfermedad, de sed; muchos trabajadores producen la riqueza pero son despojados de ella y forzados a subsistir en condiciones infrahumanas.
Así como nuestro cuerpo físico necesita agua para vivir, así también, la colectividad humana necesita paz y unidad para vivir, es decir, todos necesitamos del agua viva. Sin embargo, la humanidad se “muere de sed” porque son los propios hombres los que privan a otros del agua viva que necesitan para vivir.
Dios comparte su agua viva contigo, esa agua que también tú debes compartir con tus semejantes, esa agua que satisface todas nuestras necesidades (materiales y espirituales), esa agua que hace que te conviertas en fuente “que salta hasta la vida eterna” (Juan 4:14).

(Por Jesús A. Diez Canseco)