TÚ PUEDES POSEER LA IDENTIDAD DE DIOS

(Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo 19 de febrero del 2017.

Tus obras revelan tanto tu propia identidad como la identidad de aquel que te las enseñó. Cualquier persona que aspire a revelar la identidad de Dios, tendrá que hacer las obras de Dios. De esa manera, la persona se revelará a sí misma y a Dios como resultado.
Así es cómo revelamos a Dios: Amando a nuestros enemigos, rogando por los que nos persiguen (Mateo 5:44), dando a los que nos piden, inclusive dando más de lo que se nos pide: “Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos” (Mateo 5: 40-41).
El hecho de que las obras de una persona revelen la identidad de otra, demuestra que ambas personas viven en unidad.
Nos identificamos con Dios cuando tratamos a todos por igual, a los buenos y a los malos; a los justos y a los injustos (Mateo 5:45). Por cuanto, todos somos hijos del mismo Padre, a todos se nos ha concedido la gracia de identificarnos con Dios. Nuestra inhabilidad de actuar como Dios es el equivalente a la ausencia de Dios en nosotros. Ningún hombre puede dar la otra mejilla o amar a sus enemigos si Dios no vive en él.
Perdemos nuestra identidad con Dios cuando causamos daño a otros o cuando somos indiferentes ante el sufrimiento ajeno. Sin embargo, Dios responde llamándonos constantemente a que retomemos la identidad que él comparte con nosotros.
Una vez que hacemos nuestra la identidad de Dios, entonces asumimos la responsabilidad (y el privilegio) de revelar nuestra identidad a todos los demás; así ellos podrán ver a Dios en nosotros.
Cuando todos nos identifiquemos con Dios, habremos alcanzado la plenitud de nuestra identidad y seremos “perfectos como es perfecto [nuestro] Padre… que está en el Cielo” (Mateo 5:48).

(Por Jesús A. Diez Canseco)