TU TAREA ES DESTRUIR EL MAL

(Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario).
28 de enero del 2018.

Había en la “sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?’” (Marcos 1:23-24).
Dios te enseña a destruir el mal – el mal en todas sus formas.
De la misma manera en que Dios expulsa a un espíritu maligno, así también Dios expulsa a todos los espíritus malignos – la injusticia, la explotación del hombre por el hombre, la destrucción mutua – que se han posesionado de nuestro mundo. Y así como el poseído experimentó violentas agitaciones antes de que salga el espíritu maligno, así también nuestro mundo experimentará violentas agitaciones antes de que los espíritus malignos salgan.
El mal se infiltra en todas las estructuras de la sociedad humana.
Hoy en día, el mal se ha infiltrado en nuestro mundo, en nuestras familias, en las instituciones sociales aparentando formas de aceptación y escondiéndose en ellas. Pero ante la presencia de Dios, el mal no puede hacer otra cosa sino salir de sus escondites.
El mal no puede esconderse de ti.
Aquellos que persiguen la verdad y el bien tienen el poder de combatir a la mentira y al mal. La presencia de Dios en nosotros nos permite identificar, denunciar y expulsar al mal de donde se esconda, porque el mal y el bien no pueden existir el uno dentro del otro, y la lucha entre ellos produce violentas agitaciones.
Dios nos da su autoridad para expulsar al mal que se esconde en la sociedad. La autoridad de Dios es radicalmente diferente a la autoridad de los que obran el mal porque éstos actúan en nombre de sus propios dioses, los dioses del poder terrenal. Dios nos alerta a no escuchar a los que obran el mal: “Si [algún] profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no le he mandado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá” (Deuteronomio 18:20).

(Por Jesús A. Diez Canseco).