UNA HISTORIA PARA QUE TE CONOZCAS MEJOR

(Vigésimo Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 11 de septiembre del 2016.

Para que te conozcas mejor,  recurriremos al caso de una familia en la que uno de los hijos abandona la casa del padre para después retornar a ella. (Lucas 15:11-32)
TÚ ESTÁS UNIDO A TODOS
La unidad humana puede explicarse mejor dentro del contexto de la relación entre un padre (o madre) y el hijo. Este tipo de relación refleja la más íntima unidad entre dos personas. (El lenguaje humano no ofrece otra palabra que describa una unidad más íntima).
La unidad entre los miembros de la familia es el estado normal (la esencia) de la familia; así como el estado normal (la esencia) de la humanidad se realiza cuando las personas viven en unidad.
Cuando el hijo se separa de su familia, aliena la naturaleza de ella, así de igual manera, cuando los seres humanos se separan alienan la naturaleza humana.
TÚ Y TODOS LOS DEMÁS SON LIBRES
Cuando, en ejercicio de su libertad, el hijo decide separarse de la familia, el padre, respetando la libertad del hijo, no puede interferir con la decisión de éste. Negar la libertad del hijo sería tan perjudicial a la naturaleza de la familia, como perjudicial sería para toda la colectividad humana negar la libertad a cualquiera de sus miembros
TÚ DEBES DAR Y RECIBIR COMPASIÓN
El padre, como cabeza de una familia fragmentada, es plenamente consciente del daño que el hijo causa a la integridad (naturaleza) de la familia y de la ofensa que él, como padre, sufre por acción del hijo. La compasión del padre le permite seguir amando al hijo a pesar de la ofensa. El padre, pues, anhela el retorno del hijo, lo cual devolvería la unidad a la familia. El cariño del padre y su alegría por el retorno del hijo son elementos esenciales en la familia y en la humanidad entera.
La compasión es un elemento integral de la naturaleza humana, por cuanto sin él, los hombres terminarían destruyéndose en venganza por las ofensas que unos comenten contra otros. Sin la compasión, el padre no habría sido capaz de aceptar el retorno del hijo, lo cual habría ocasionado una fragmentación permanente entre seres humanos.

(Por Jesús A. Diez Canseco)