UNA VIDA DIGNA DE VIVIRSE

(Tercer Domingo de Adviento)
Domingo, 11 de diciembre del 2016.

Cuando una persona se ve confrontada con la necesidad de saber si su vida es digna de vivirse, entonces no le queda otra alternativa sino la de recurrir a Dios en búsqueda de la respuesta. Por tanto, hemos de preguntarle a Dios: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mateo 11:3). La presencia de Dios en nosotros es una indicación de que nuestra vida es digna de vivirse.
La siguiente es una vida digna de vivirse: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y la Buena Nueva llega a los pobres” (Mateo 11:4-5).

Una vida digna de vivirse es aquella en la que la vida de Dios se une a la vida de los hombres.
Dios viene al mundo precisamente porque no hay vida de Dios en el mundo. Dios viene al mundo para que la justicia florezca en el desierto de la injusticia, para que la libertad brote como las flores brotarán en un páramo desolado, para que la paz traiga la alegría a un mundo acongojado por las penurias de las guerras y la explotación.

(Por Jesús A. Diez Canseco)