USTED PUEDE CONSTRUIR LAS BASES DEL CIELO

(Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario).
Domingo, 29 de enero del 2017.
Las bienaventuranzas sientan las bases del cielo aquí en la tierra. Por ellas somos llamados a unir nuestras vidas terrenales con la vida del Reino de los Cielos. Por medio de las bienaventuranzas establecemos una continuidad de la vida terrenal con la vida del cielo.
¿Quiénes son los que viven las bienaventuranzas? (Mateo 5:1-11).
– “Los que tienen el espíritu del pobre”. Son los que ponen su confianza y su fe en Dios (no en las riquezas materiales); ellos son capaces de utilizar los bienes terrenales para el bien común.
“Los que lloran”. Son los que poseen la capacidad de unirse al sufrimiento de los oprimidos; son los que poseen la sensibilidad necesaria para identificarse con los que padecen injusticias.
“Los mansos”. Son los sinceros y francos (los que no son falsos ni hipócritas) en sus relaciones con sus semejantes. Ellos son capaces de restaurar la confianza y la verdad en las relaciones entre los seres humanos.
“Los que tienen hambre y sed de justicia”. Son los que tienen la habilidad de guiar a la humanidad hacia su liberación y llevarla al Reino de los Cielos.
– “Los compasivos”. Son los que tienen la capacidad de llevar la misericordia (no la venganza) a sus semejantes.
“Los de corazón limpio”. Son los que pueden identificar y buscar el bienestar de todos (no el bienestar egoísta de uno mismo o de un grupo o nación). Ellos merecen la confianza de sus semejantes.
“Los que trabajan por la paz”. Son los que ven en cada persona un hermano o una hermana; son los que tienen la virtud de reconocer que todos somos hijos de Dios. Los que trabajan por la paz no solamente no se destruyen los unos a los otros, sino que se edifican los unos a los otros.
“Los perseguidos por causa de la justicia”. Son los que tienen la fuerza de no traicionar a sus principios, de no conformarse con la injusticia y la opresión. Son los que no se satisfacen con otra meta que no sea el Reino de los Cielos; son los que ya han empezado a construir ese reino aquí en la tierra.
Las bienaventuranzas perfeccionan la vida.
Los que practican las bienaventuranzas perfeccionan sus vidas y las de sus semejantes mediante la imitación de la vida de Dios quien incesantemente actúa por medio de ellos, interviniendo en la historia humana.
He aquí cómo vivir las bienaventuranzas: haciendo justicia a los oprimidos, dando pan a los hambrientos, liberando a los condenados, abriendo los ojos a los ciegos, enderezando a los encorvados, protegiendo al forastero, sosteniendo al huérfano y a la viuda, y truncando el camino del malvado (Salmo 146:7-9).
Las bienaventuranzas triunfarán sobre los criterios del mundo.
Los que viven las bienaventuranzas no se rigen por los criterios de este mundo porque “Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para avergonzar a los sabios, y ha tomado lo que es débil en este mundo para confundir lo que es fuerte. Dios ha elegido lo que es común y despreciado en este mundo, lo que es nada, para reducir a la nada lo que es” (1 Corintios 1:27-28).
Viviendo las bienaventuranzas usted construirá las bases del cielo.

(Por Jesús A. Diez Canseco).