USTED TIENE PODER SOBRE LA MUERTE

(Quinto Domingo de Cuaresma)
Domingo, 2 de abril del 2017.

Dios comparte con nosotros su poder sobre la muerte del siguiente modo: “El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre” (Juan 11:25-26).
Por tanto, los beneficiarios de ese poder son los seres humanos: “Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes” (Romanos 8:11).
Luego cabe preguntarnos: 1. ¿Quiénes no tienen el Espíritu de Dios? ¿Quiénes lo tienen?
1. ¿Quiénes no tienen el Espíritu de Dios?
“Los que viven según la carne” (Romanos 8:8). Esto es, aquellos cuya vida es opuesta a la de Dios, aquellos cuya vida está en contradicción al orden establecido por Dios (orden basado y realizado en la unidad y armonía entre los hombres).
“No hay sino muerte en lo que ansía la carne” (Romanos 8:6). Es decir, la carne ansía no sólo aquello que destruye al “cuerpo” sino que además aniquila todo intento del “espíritu” por morar en el “cuerpo”. Repetimos: Los que viven según la carne son aquellos que promueven la división y la destrucción entre los hombres.
2. ¿Quiénes tienen el Espíritu de Dios?
Los”que viven en el Espíritu” (Romanos 8:9), aquellos en quienes “el Espíritu de Dios habita”. Esto es, aquellos que por su modo de vivir “pueden agradar a Dios”, aquellos que promueven la justicia, la vida, la unidad y la paz porque “el espíritu anhela vida y paz” (Romanos 8:6).
Es lógico, por tanto, afirmar que nuestro cuerpo mortal tendrá vida verdadera sólo en virtud del Espíritu que habita en él, y que la ausencia del Espíritu nos dejará con cuerpos vacíos, cuerpos sin vida.
El mundo no quiere recibir el Espíritu de Dios
La destrucción del hombre por el hombre genera un mundo sin el Espíritu de Dios, un mundo que vive “en la carne”; y “no hay sino muerte en lo que ansía la carne”.
Al rechazar al Espíritu de Dios, el mundo se convierte en un “mundo vacío” que se ve en la necesidad de idolatrar todo lo que es mortal: La riqueza temporal y el poder mundano. Como resultado, el mundo engendra y, a la vez, oprime al pobre, al que sufre, al doliente, al desposeído (quienes son precisamente el producto de un mundo de muerte).
En un mundo donde el cuerpo lo es todo, la muerte del cuerpo es el final de todo, porque los que viven según la carne solo poseen la carne.
Infundir el Espíritu de Dios en el mundosignifica infundir la vida y la paz en todos. Una vez que el Espíritu de Dios se haga realidad en cada uno de nosotros y se manifieste en la vida colectiva de la humanidad entera, entonces traeremos la vida y la paz al mundo.
Una vez que el Espíritu de Dios habite en los hombres, sacaremos al mundo de su tumba y haremos que recobre la vida.
He aquí las tumbas que ha creado el mundo de la “carne”:
– El mundo de la carne ha sepultado a la paz en la tumba de la guerra.
– Ha sepultado a la justicia en la tumba de la injusticia.
– Ha sepultado a la igualdad en la tumba de la desigualdad.
– Ha sepultado a la verdad en la tumba de la falsedad.
– Ha sepultado a la unidad en la tumba de la división.
El poder de Dios que comanda “¡Lázaro, sal afuera!” (Juan 11:43), es compartido con nosotros para quepodamos decir:
“¡Paz, sal afuera!”, y la paz saldrá de la tumba de la guerra.
“¡Justicia, sal afuera!”, y la justicia saldrá de la tumba de la injusticia.
“¡Igualdad, sal afuera!”, y la igualdad saldrá de la tumba de la desigualdad.
“¡Verdad, sal afuera!”, y la verdad saldrá de la tumba de la falsedad.
“¡Unidad, sal afuera!”, y la unidad saldrá de la tumba de la división.
Cuando el Espíritu de Dios habite en nosotros, recuperaremos nuestro poder para derrotar a la muerte, y podremos decir: “¡Mundo, sal afuera!”, y el mundo saldrá de la tumba de la muerte.

(Por Jesús A. Diez Canseco)