VEA USTED EL BIEN Y EL MAL

(La Epifanía del Señor)
Domingo, 8 de enero del 2017.

Cuando la luz brilla sobre nosotros, ella nos hace ver dos realidades: La bondad de Dios y la maldad del mundo.
1. La bondad de Dios.
A. Dios viene al mundo, en Jesucristo, como”un jefe, el que apacentará a [su] pueblo” (Mateo 2:6), un jefe que gobernará sin explotar ni destruir a nadie, sino que apacentará a su pueblo, es decir, guiará a su pueblo con dedicación y entrega por el camino de la paz, así como un pastor guía a sus ovejas por el mejor sendero. Su modo de gobierno estará basado en el respecto absoluto y la entrega total a los hombres, así como un pastor entrega su vida por sus ovejas.
B. Dios apacienta a su pueblo, a la humanidad: Dios “librará al mendigo que a él clama, al pequeño que de nadie tiene apoyo; él se apiada del débil y del pobre, él salvará la vida de los pobres; de la opresión violenta rescata su vida, [pues la sangre de los oprimidos] es preciosa ante sus ojos” (Salmo 72:12-14).
C. Todo el poder de Dios se hace carne en la persona de un niño, el niño Jesús, a fin de revelar que el poder de Dios reside en la inocencia, mansedumbre, sinceridad y vulnerabilidad de un niño: “Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre”(Mateo 2:11).
2. La maldad del mundo
Un ejemplo de la maldad en el mundo lo vemos en Herodes, quien se presenta como enemigo de la bondad de Dios. La siguiente fue la reacción que Herodes y su corte (el poder gobernante en aquel tiempo) tuvieron al enterarse de la existencia de un nuevo rey: “Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto” (Mateo 2:3). Luego Herodes dice a los Magos: “Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje” (Mateo 2:8).
Herodes aparenta estar dispuesto a aceptar el nuevo orden, cuando en verdad sólo quiere destruirlo, Herodes finge estar dispuesto a dar la bienvenida a Jesús, cuando en verdad sólo quiere matarlo.
A lo largo de la historia, los hombres han sido gobernados por personas que han seguido el modelo de Dios, así como por personas que han seguido el modelo de Herodes. Cuando la luz brille sobre nosotros, podremos diferenciarlos.

(Por Jesús A. Diez Canseco)