VIDA ETERNA A TU ALCANCE

(Séptimo Domingo de Pascua)
Domingo, 28 de mayo del 2017.

Si tú aspiras a poseer la vida eterna has de empezar cultivando vida en este mundo. Dios se hizo hombre en Cristo Jesús para darnos la misma vida que tiene Dios desde “antes que comenzara el mundo” (Juan 17:5).  Es decir, Dios se hizo hombre a fin de comunicarnos su  vida eterna (Juan 17:2).
Vida vs. muerte.
Aquel que trae vida al mundo se encuentra en una situación de confrontación con un mundo dominado por la muerte: “Padre, ha llegado la hora” (Juan 17:1), la hora en la que el mundo desencadena su poder contra aquel que trae la vida de Dios, la hora del poder que el mundo sabe usar muy bien: El poder de la muerte.
En efecto, muchas veces ocurre que el mundo mata al que trae la vida pero sólo para que éste resucite de la muerte y restaure en la humanidad la vida imperecedera que viene de Dios. Aquellos que restauran la vida son glorificados por Dios con la misma gloria que tiene Dios desde antes que comenzara el mundo.
¿Cómo alcanzamos la vida eterna?
Mediante el cumplimiento de “la obra que [Dios nos ha] encomendado”.(Juan 17:4). Para aspirar a la vida eterna hemos de hacer en el mundo las obras de Dios, es decir, perdonar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer el bien a los que nos hacen mal, liberar a los oprimidos.
Nadie que aspire a la vida eterna con sinceridad puede eximirse de hacer las obras de Dios.

(Por Jesús A. Diez Canseco).