VIVA USTED BIEN

(Vigésimo Octavo Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 15 de octubre del 2017.

Para vivir bien hay que vivir una vida comunitaria la cual es “un convite de majares frescos, convite de buenos vinos”, es la celebración gozosa en la que se enjugarán “las lágrimas de todos los rostros” y se erradicara “la Muerte definitivamente” (Isaías 25:6, 8). Es la vida en la que todos comparten de los bienes y bondades del mundo, sin marginar a nadie.
Las minorías opresoras rechazan este modo de vida porque no pueden aceptar un orden universal de vida humana basado en la unidad y la igualdad, porque tal orden es contrario a sus conveniencias, a sus intereses, a sus ambiciones.
La vida comunitaria es una amenaza para aquellos que no están interesados en el bienestar de la humanidad. Cuando se les invitó a participar de esta vida, “ellos no hicieron caso”, y prefirieron seguir explotando a los desposeidos (Mateo 22:5).
La invitación a la vida comunitaria representa una amenaza tan grave para los explotadores que les es necesario matar a los mensajeros. Aquellos que rechazaron esa vida “tomaron a los siervos del rey, los maltrataron y los mataron” (Mateo 22:6). Aquellos que promueven la desigualdad y la dominación hacen lo mismo con aquel que los “invite” a una vida de unidad e igualdad.
Hay que vestirse en “traje de bodas”
Lo único que se requiere para participar de la vida comunitaria es revestirse de la determinación de alcanzar la liberación y la paz para todos los seres humanos, sin diferencias ni distinciones. En otras palabras, ese requisito consiste en revestirse de la identidad de Dios. Ese requisito es el “traje de bodas”(Mateo 22:12) sin el cual, el intruso será arrojado “a las tinieblas de fuera” (Mateo 22:13).

(Por Jesús A. Diez Canseco)