VIVE EN EL CIELO Y EN LA TIERRA

(Tercer Domingo de Pascua)
Domingo, 15 de abril de 2018.

Si logras acabar con la muerte en el mundo, habrás alcanzado la vida en el cielo. Es decir podrás vivir tanto en el mundo como en el cielo. Habrás alcanzado la unión de la vida terrestre con la celestial.
Dios mismo vive tanto en el cielo como en la tierra: “Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo. Pálpenme y vean, porque un espíritu no tiene carne y huesos como ven que yo tengo” (Lucas 24:39).

En la tierra y en el cielo

Si Dios vive en ti, es evidente que tú vives en él.
El negar que Dios tiene vida tanto terrenal como celestial es equivalente a decir que Dios no vive. Muchos no admiten que Dios vive por cuanto la presencia de él es un obstáculo para el mal en el mundo.
Aquellos que niegan que Dios vive lo hacen de dos maneras: Por sus acciones y por sus omisiones.
Por sus acciones, es decir, por el mal que ellos hacen, mal que los pone en franca oposición a la vida de Dios y los mueve a eliminar todo lo que es bueno. Ellos son los que matan “al Señor de la vida” (Hechos 3:15).
Por sus omisiones, es decir, por su negativa a hacer el bien o por su insistencia en ver selectivamente sólo ciertos males, cerrando los ojos ante gravísimas ofensas contra la justicia y la dignidad humana.

Una vez que puedas ver que Dios vive tanto en el cielo como en la tierra, podrás comprender que tu propia vida es la unión de tu vida terrena con la celestial.

(Por Jesús A. Diez Canseco)