UN PODER DESHUMANIZANTE

(Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario)
Domingo, 3 de febrero de 2019.

Históricamente, las naciones poderosas tienden a dominar y  subyugar  a las naciones menos poderosas. La carencia de poder bélico es vista como una debilidad de la cual los poderosos tienden a aprovecharse.

Un emperador busca dominar el mundo

 

Las naciones poderosas crecen mediante la apropiación de la riqueza que pertenece a las naciones que no pueden defender lo que poseen. Las naciones que crecen de esa manera llegan, con frecuencia, a constituirse como regímenes imperiales con afanes de dominar al mundo entero.

Aquel que tiene afanes imperiales debe saber:
– Que el poder no sebe ser motivo para dominar al débil.
– Que la paz entre los hombres es producto del respeto mutuo.
– Que la negociación, en condiciones de igualdad, es la manera humana de resolver conflictos.

 

La agresión imperial siempre engendra destrucción y muerte.

 

– Que el abuso de la fuerza deriva en la deshumanización del poderoso.
– Que el poderoso encubre sus abusos mediante  falsas campañas propagandísticas.
– Que la agresión imperial siempre produce la guerra, y ésta siempre acaba en la destrucción.

Es prácticamente imposible para los miembros de los grupos poderosos del mundo aceptar a un Dios que se hace igual a uno de los oprimidos.

Al venir al mundo, Dios se presenta como uno de nosotros – como miembro de la familia humana (Lucas 4:22) en la que todos estamos incluidos: el grande y el pequeño, el enfermo y el sano, el fiel y el infiel.
Los hombres serán capaces de actuar como seres humanos solamente cuando  se traten con respeto y entrega mutua, es decir, como Dios nos trata.

(Por Jesús A. Diez Canseco)